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Un traje a la medida

Soy costurera entre otros oficios.
Estudié secretariado y trabajé cuando soltera como secretaria.
Estudié corte y confección por consejo de mi abuelita que me crió, cuando ya casada, me dí cuenta que dadas mis circunstancias necesitaba trabajar para ayudar en la casa. No podía salir de ella porque tanto mi suegra como mi abue estaban lejos, así que aproveché cuando se puso a mi disposición el tomar clases de corte y confección.

Te preguntarás tal vez, a éstas alturas, qué hago hablando de mi vida en un sitio dedicado a hablar de nuestros hijos. Es simple.

Leí alguna vez una anécdota de Don Juan Bosco, un santo que tuvo gran influencia en las instituciones educativas de su tiempo y en las actuales, en el sistema salesiano. El dedicó su vida a los niños, a guiarlos y educarlos. Uno de éstos niños se llamó Domingo Savio, un santo ahora.

Este niño era algo especial, muy devoto. Dijo un día a Don Bosco que deseaba ser santo, que deseaba ser sacerdote, que deseaba servir a Dios. Don Bosco le dijo que el camino no sería fácil.
Domingo contestó "Hagamos el traje"

Esta anécdota me hizo pensar en que el criar o educar a nuestros hijos es como confeccionarles un traje hecho a la medida.

Recuerdo a mi abuelita, quien me crió desde los 9 meses de nacida, diciéndome que me parecía a su virgencita. Y creo que éso me gustó. ¿A quién no le va a gustar algo tan bonito?

Entonces trataba yo de ser una niña obediente y hacer lo que mi abuelita me decía y me aconsejaba.
Recuerdo el día que hice mi Primera comunión. Fuimos mi hermana y yo junto con el grupo de niños que tomamos la catequésis en la casa de una vecinita a la Iglesia por primera vez después de mi Bautizo y Confirmación (que no recuerdo porque era bebé)
Recuerdo que ví por primera vez a la Virgen y me pareció muy bonita. Mi abuelita debió amarme mucho para pensar alguna vez que yo lo era también.

Cuando mis hijos nacieron, también deseaba para ellos lo mejor y pensaba en las personas a las que yo creía se parecían.
El amor a nuestros hijos nos hace desear para ellos las cualidades de las personas que tenemos cerca y "vestirlos" con ellas.

Pero no es sólo desear el "vestidito" de alguien, sino irlo confeccionando, como dijo Domingo Savio a sus 11 años (era un niño listo para su edad)  "Hagamos el traje".

Y se me ocurre hacer una similitud entre el educar a un hijo con las cualidades de aquellos a los que amamos como son nuestros hijos. Cuando mi abuelita veía que algo de lo que yo hacía no correspondía al traje tan bonito que ella había decidido ponerme (y yo creo que trató de ponernóslo a las tres hijas que ella crió) entonces le metía un "tijeretazo", le recortaba aquello que me sobraba y que no le gustaba o no correspondía al modelito.

Recuerdo que mi tía, o sea, su hija que es 10 años mayor que yo, era muy bonita y agraciada, buena persona, obediente. Y yo deseaba parecerme a ella.

Yo también como Domingo Savio decidí que el modelo que me habían elegido, me gustaba.
El modelo que mi mamá eligió, correspondía al de una hija que falleció cuando niña y a la que ella seguramente amaba mucho.

Mi abuelita fué recortando por aquí, acomodando por allá. Hubo ocasiones y muchas, en que sus tijeretazos dolían, porque el modelo era muy grande. Mi tendencia era hacia lo fácil, hacia lo agradable y el modelito era el de una niña obediente, estudiosa, generosa. Me costó mucho avocarme a él... y a mi abuelita seguramente le costó más.

El resultado a mí me agradaba. Me sentía contenta con lo que se había logrado a mis 15 o 16 años, pero... creo que se me razgó el vestido. Las tendencias a lo fácil, al baile, a la pachanga que también llevo en los genes, me ganaron y me "desfurreté" como decía mi abuelita.

Es por éso, que mi blog se llama "Retazos y puntadas" (retazos de mi vida y puntadas que han dado a mi corazón).
Han tenido que dar grandes remiendos a mi traje: puntadas ocultas como zurcido invisible y otras muy visibles que parecen parches en él.

Definitivamente el trajecito me quedó muy grande; pero debo reconocer que mi abuelita puso su mejor empeño en mi educación, que me amaba mucho y que deseaba siempre lo mejor para mí.

Recuerdo también el cuento de "el traje del emperador" y la historia de "lady Godiva" en los cuales se habla también del tema.

Mi mamá deseaba un traje muy hermoso para mí y terminamos haciendo uno como el del emperador y lady godiva. No fué su culpa, ella era una excelente costurera. La culpa es de la tela, que no era muy buena, ni de tan buena calidad para tan buen proyecto.

Supongo que de no haber deseado un modelo tan bello, el resultado habría sido terrible. Así  de furris debió ser la tela que le entregaron a los 9 meses, que tuvo que poner los ojos muy alto para sacar algo más o menos de ella.

Es por ello, que considero que debemos pensar muy bien lo que deseamos para nuestros, trabajar duro para lograrlo.... y dejar que Dios haga el resto.
Sacar nuestras tijeras, nuestras agujas. Hilvanar, fruncir, cortar, zurcir... y esperar que el trajecito o vestidito, nos salga más o menos tomando en cuenta que la tela no es muy buena, que la costurera lo es menos.

Pero con Dios todo se puede. El es el mejor sastre de todos.
      

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