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El niño de 9-11 años

Me gusta planear mis días.
Incluyan a su niño al hacer los planes familiares, aclarándole en dónde y cuándo la TV y las computadores encajan -- y no encajan -- en el plan. Ayúdenle a que fije límites y hagan planes dándole herramientas tales como un calendario en la computadora, en donde pueda dar seguimiento a los eventos, sus quehaceres y sus tareas.

Empiezo a admirar a distintas personas.

Ayuden a que su niño escoja personajes ejemplares y que sean buenos modelos a seguir. Háblenle de las personas que ve en la TV y de quién oye hablar en el radio que le hayan llamado la atención. Permitan que su niño sepa que, indistintamente, las niñas y los niños pueden ser lo que les gustaría ser.

Me gusta acabar bien las cosas.

Cuando su hijo o hija esté haciendo algo en la computadora o juegue un videojuego, ayúdenlo a que lo haga bien. Esto -- aunado a sus elogios -- le ayudará a que sienta confianza en sí mismo(a).

Puede ser que tenga muchos sueños de terror.
Lo que haga su niño durante el día puede afectar sus sueños en la noche. Ayúdenlo a distanciarse de las cosas que podrían darle miedo, tales como los programas de TV y los videojuegos. Si su niño ve algo que le incomoda, háblenle de ello.

Puedo pensar por mí mismo y soy capaz de hacer mucho más cosas por mí mismo que antes.

Hagan que su niño o niña vea programas de TV, películas, sitios Web y libros que lo(la) muevan a pensar dándole a conocer temas nuevos. Háganle preguntas y averigüen qué es lo qué piensa

Soy bueno para resolver problemas y me puedo concentrar por largo tiempo.
 Motiven a su hijo para que aprenda cómo funcionan los diferentes medios. Si está interesado, enséñenle cómo funciona la cámara de video (si posee una) o inscríbanlo en una clase de video que ofrezca la biblioteca, un colegio de la comunidad o un centro de recreación local. También muéstrenle a su niño los sitios Web y los libros que planteen problemas o rompecabezas.

Cómo hacer que un niño supere el miedo a la oscuridad Puede ser que no juegue mucho con las niñas (si soy un niño) ni con los niños (si soy una niña). Ayuden a que su niño evite ver los programas de TV y películas que refuerzan los estereotipos acerca de lo que "las niñas pueden hacer" y lo que "los niños pueden hacer". Háganle preguntas sobre lo que piensa de los niños y las niñas en su clase. Recuérdenle que tanto los hombres como las mujeres pueden escoger entre diversas opciones sobre lo que les gustaría ser.

 Soy responsable y puedo cuidar a mis hermanitos más pequeños.
 Si dejan que su niño cuide a sus hermanos, exhórtenlos a que hagan un juego juntos o a que actúen su propio "espectáculo de TV" o del juego de su elección. Ayuden a que su hijo comprenda bien que una buena niñera es alguien que hace más cosas que sólo estar viendo la TV con los niños pequeños.

 Puede ser que me gusten los deportes 
 Traten de que la TV y los videojuegos no interfieran con los deportes y los juegos físicos. Cuando su niño o niña esté viendo un programa o visitando un sitio Web sobre deportes y atletas, exhórtenlo(a) a que aprenda más sobre las cosas físicas que es capaz de hacer.

 El ser justo y el decir la verdad son importantes para mí.
 Establezcan reglas claras sobre cómo se compartirá el uso de la computadora, del sistema de videojuegos y de la TV en la casa. Su niño podría sentir que lo defraudan si no está claro cuándo cada quién puede hacer algo. Explíquenle también que los personajes en la TV pueden o no pueden estar comportándose de una forma que sea justa u honesta.

 Si me interesa un tema, me gusta explorarlo lo más que pueda.
 Si su niño se interesa en algo en especial, ayúdenle a aprender más acerca de ello encontrando sitios Web y videos y haciendo visitas a la biblioteca. Denle a conocer las diferentes culturas, costumbres, personas y lugares.

Algunos aspectos psicoevolutivos del niño a los 9-10 años:


En el aspecto de su desarrollo intelectual esta edad queda incluída en la etapa del subperíodo de las operaciones concretas, según la división de Piaget, pero en un estadio ya muy avanzado de este periodo. Su juicio sobre las cosas ya no depende de su conveniencia; los conocimientos que adquiere son el trampolín para adquirir otros nuevos conocimientos, dándose cuenta de la utilidad de los mismos y puede, con facilidad, hacer uso de las capacidades de observación, reflexión, análisis y síntesis.

Su principal vehículo de conocimiento es la palabra, tanto oral como escrita y tanto en el aspecto comprensivo como expresivo, por lo que no podemos dejar de insistir en la importancia que el lenguaje tiene en el niño puesto que todos los psicolingüistas y los psicólogos en general, siempre ponen el énfasis en la incidencia que la inteligencia tiene en el desarrollo correcto de la lengua y en cómo el uso de un lenguaje correcto facilita la maduración intelectual.

A partir de los 7 años, con el inicio del pensamiento lógico que implica la capacidad de reversibilidad y cuyo desarrollo se va realizando hasta los 11-12 años, donde empezará otra forma de pensamiento, la implicación de esta evolución intelectual no se reflejará sólo en su manera de pensar o razonar, sino que repercutirá en toda la vida social del niño, en sus relaciones personales. La capacidad de reversibilidad relacionándola con la socialización permite que el niño pueda ponerse en el punto de vista del otro y captar sus intenciones.

Ya a los 7 años, los niños se buscan para jugar juntos, pero será en estas edades, entre los 9-10 años, cuando el juego, el grupo, la cooperación, adquieren su pleno significado.

Un niño de 9 años tiene por fuerza que pertenecer, aunque sea esporádicamente, a un grupo o al menos, tener un amigo. De no ser así, puede indicar problemas de carácter y personalidad. La amistad entre iguales, el grupo, el juego con sus reglas, serán lo que irá desarrollando poco a poco la moral del individuo. Si un niño sólo se relaciona con adultos, se convertirá en un ser heterónomo, dependiente, incapaz de actuar y juzgar por sí mismo. Es entre sus iguales y a través del juego mayormente, donde el niño adquiere su autonomía, su independencia y el sentido de su futura libertad individual y seguridad de criterios.

En una cuidadosa observación de grupos de niños jugando, podemos advertir cómo casi siempre se encuentra un cabecilla, un líder, sobre todo entre el sexo masculino; en los grupitos de niñas, la líder ya no es tan frecuente. Entre los 7-9 años, ese líder suele ser elegido por su habilidad física, basado en la ley de la fuerza y el grupo tiene la apariencia de una pequeña sociedad dictatorial. Estos matices cambiarán a partir de los 10 años, aproximadamente.

El paso de la heteronomía, a la conquista de la autonomía, podemos verlo en cómo los niños aceptan las reglas del juego. En la etapa anterior a los 7 años, las reglas venían de fuera, eran sagradas e intocables (aunque puestos ya en el juego se olvidaban de que había reglas y no las tenían en cuenta), pero en esta edad las reglas ya no están condicionadas por una coacción exterior y se pueden modificar si todos los componentes del grupo consienten en ello.

Las trampas, las mentiras, las acusaciones, son severamente condenadas por sentirlas como una deslealtad al grupo. Son inflexibles, sobre todo, ante las trampas en el juego, adoptando una actitud de estricta vigilancia para que nadie se atreva a cometerlas. En el fondo, sucede que cada uno de ellos tiene ganas de hacer lo que sea lícito o ilícito para ganar, pero en el grupo está su fuerza y es la conciencia del grupo la que ayuda a la conciencia individual.

Como denominación más propia de esta edad, podemos usar la de "etapa de introyección". El niño de 9 años intenta captar todo lo que el mundo exterior le ofrece para adaptarlo a su mismidad, por lo que su comunicabilidad y sociabilidad es amplísima. Se da cuenta de que el valor y sentido de las cosas no son sólo lo que a él le parecen sino que sirven también para otros.

Aunque tradicionalmente se considere esta edad de los 9 años, y en general toda la etapa que va desde los 7 años a los 11 años, aproximadamente, como la edad feliz o como dice el psicoanálisis "edad de latencia", no se puede tomar en su sentido estricto. Los cambios que se están realizando en su sistema neurohumoral se traslucen en una emotividad muy lábil; hay en su interior sentimientos, tensiones, pulsiones, a veces en grados tan fuertes que llegan a culpabilizarse en gran medida. Esto se pone de manifiesto en sus miedos, sobre todo en los sueños, una de las cosas que más temor puede provocarle. Suelen ser sueños terroríficos, amenazantes, ya que según la teoría psicoanalítica, todo sueño tiene un componente latente debajo de su contenido manifiesto y es en los sueños donde aflora lo que durante el día le pudo haber perturbado y que no había sentido gracias a la gran actividad que despliega cuando está despierto. Aunque se pueda pensar lo contrario, el niño de esta edad tiene fluctuaciones anímicas fuertes y su vida emocional es compleja y con bruscos cambios.

Toda esta temática provocará en él depresiones pasajeras, que en el caso de ser frecuentes, habrá que buscar ayuda profesional, ya que será un síntoma de perturbaciones anómalas. Dentro de su familia se siente como un miembro importante, queriendo que se le tome en serio, aunque necesita mucho de la atención de sus padres e incluso de los "mimos" a un nivel físico. Es el momento óptimo de la identificación con el padre de su propio sexo y tiene una gran necesidad de diálogo con ambos. Si los padres actúan con habilidad, el niño contará sin problemas sus vivencias, experiencias, deseos... y también estará ansioso y atento por oir lo que sus padres quieren contarle.

La escuela sigue siendo un mundo agradable y está totalmente absorbido por ello, dándole a este ámbito más importancia que a cualquier otro entorno. Goza con los conocimientos que adquiere, se interesa por averiguarlo todo y sin sentir las responsabilidades que luego le traerán los cursos superiores. Pero dada su enorme emotividad y labilidad, los pequeños problemas de la escuela, las rencillas entre compañeros e incluso la actitud de su propio maestro, pueden transformarse en cortas pero profundas crisis. La actitud ante cualquier hecho de éstos puede sufrir en un mínimo de tiempo enormes altibajos, que él siempre tratará de justificar con racionalizaciones y que lograrán preocupar y desconcertar a los padres.

El maestro sigue siendo una figura muy importante para él, pero su rol como tal pasa por un momento muy delicado. Esta es una etapa muy competitiva, el maestro lo sabe e intenta, consciente o inconscientemente, promoverlo en beneficio de unos mejores rendimientos, pero cada niño puede recibir este fomento de la competitividad de formas contrarias: para unos, puede ser fuente de acicate y superación, pero para otros, puede resultar contraproductivo y ser fuente de frustración, al creer que lo que se le pide no podrá alcanzarlo y como íntimamente pretende ser el mejor, tomar una postura pasiva y de derrota, ya que no llegará a ser de los primeros de la clase.


Los niños de 9, 10 y 11 años siguen creciendo en altura y peso a un ritmo normal, aunque en estos años es cuando suele aparecer el fenómeno de los “estirones”. Por norma general, los chicos suelen ser más altos y pesados que las chicas. Y en esta etapa se produce un hecho muy importante: el desarrollo empieza a ser diferente en niños que en niñas. A partir de los 10 u 11 años en las chicas se inicia el desarrollo del pecho, las caderas se ensanchan, la musculatura se afina… Sin embargo, el desarrollo de estos caracteres sexuales en chicos es algo posterior.

Este desarrollo físico distinto en chicos y en chicas tiene su reflejo a nivel psicológico. Las niñas de 9, 10 y 11 años empiezan a relacionarse más entre ellas y hacen piña como grupo. Les gusta más pasar las horas hablando o jugar a juegos tranquilos donde haya mucha interacción oral. Los chicos de esta edad también hacen pandilla y suelen escoger juegos muy activos con mucho contacto físico.

A nivel emocional, tanto los niños como las niñas de 9, 10 y 11 años inician una separación cada vez mayor de sus padres. Las normas familiares son las que rigen su comportamiento pero empiezan a ser conscientes de que en la familia de sus amiguitos, los padres hacen y exigen cosas diferentes. Es posible que empiecen a cuestionar a los padres sobre la manera en la que ellos hacen las cosas. También empiezan a tener más conciencia del contexto social y les empiezan a preocupar temas como la muerte de alguno de sus progenitores, el divorcio, las guerras, la política, etc. El grupo de amigos cobra mayor importancia y es el momento en que ellos mismos piden quedarse a dormir o pasar la tarde en casa de algún compañero. Es un momento propicio para que aparezcan las mentiras, el engaño, el cuestionamiento de las normas o las malas contestaciones como parte de esa independencia, que se está fraguando y que alcanzará la cima en la adolescencia.

Como padres es importante respetar sus necesidades de individualidad. Pero no debemos olvidar que las reglas las seguimos poniendo nosotros. Podemos razonarlas, explicarlas e incluso negociarlas hasta cierto punto, pero los padres seguimos teniendo el mando. A la hora de dialogar con nuestros hijos, hay que centrarse en unas reglas básicas (pocas pero firmes) e insistir en lo fundamental. ¡No beneficia a nadie que perdamos energía discutiendo por cuestiones de poca trascendencia!

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