http://http:///.blogspot.com/
Ultimas entradas :
GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Transtornos en nuestros hijos

Los problemas de los hijos




El Trastorno Bipolar en adolescentes

El Trastorno Bipolar no es sólo para los adultos. Actualmente, es muy común ver adolescentes que padecen este desorden y de no ser tratado a tiempo puede ser muy peligroso para la salud mental del joven.

Aunque en la adolescencia es normal que se presenten cambios emocionales como pasar de un estado a otro en pocos minutos, en el Trastorno Bipolar los cambios son más extremos y repetitivos de lo común. Sin embargo, no se alarme si usted observa que el adolescente presenta uno o varios de los síntomas, ésta es una enfermedad que aparece en la niñez o adolescencia pero continúa en la adultez, por lo tanto, no es cuestión de la edad, es un problema sicológico crónico que debe ser atendido profesionalmente.

¿Qué es el Trastorno Bipolar?

También se conoce con el nombre de Síndrome o Enfermedad Maníaco Depresiva. Es un desorden continúo en el estado de ánimo o humor, que oscila entre extremadamente altos (euforia, manía) y extremadamente bajos (depresión). La gente con Trastorno Bipolar puede pasar rápidamente de manía a depresión y nuevamente a manía.

Quienes sufren de este Trastorno, fluctúan entre la alegría y la tristeza, de una manera mucho más marcada que las personas que no padecen esta patología.

Esta enfermedad puede afectar a cualquiera. Algunos afirman que se debe a un desequilibrio químico de una sustancia del cerebro. Sin embargo, si uno o ambos padres tienen un Desorden Bipolar, hay mayor probabilidad de que los hijos desarrollen el desorden. La historia familiar de abuso de drogas o del alcohol puede también estar asociada con un mayor riesgo para desarrollar el Desorden Bipolar.

Características de los períodos altos (maniáticos)

Cambios de humor severos en comparación a otros jóvenes de la misma edad y ambiente: o sentirse demasiado contento, o reírse mucho, o estar demasiado irritable, enfadado, agitado o agresivo.
Imagen poco realista de la autoestima: por ejemplo, el adolescente que se siente todopoderoso o como un súper héroe con poderes especiales.
Energía desmedida: habilidad de poder estar durante días sin dormir y sin sentirse cansado.
Hablar excesivamente: el adolescente no deja de hablar y lo hace muy rápido, cambia de tema constantemente y no permite que lo interrumpan.
Distracción: la atención del adolescente pasa de una cosa a otra constantemente. Les cuesta concentrarse.
Su comportamiento es arriesgado y repetitivo: puede presentarse abuso del alcohol, drogas y sexo.

Características de los períodos bajos (depresivos)

Irritabilidad, depresión, tristeza persistente, llanto frecuente.
Pensamientos relacionados con la muerte o el suicidio.
Disminución en la capacidad para disfrutar de sus actividades preferidas.
Quejas frecuentes de malestares físicos, tales como el dolor de cabeza y de estómago.
Nivel bajo de energía, fatiga, mala concentración y queja constante de sentirse aburrido.
Cambio notable en los patrones de comer o de dormir, tales como comer o dormir en exceso.

Tratamiento para el Síndrome Maníaco Depresivo

Los trastornos del estado de ánimo, entre los que se incluye el síndrome maníaco depresivo, con frecuencia pueden tratarse de manera eficaz. El tratamiento se basa en una evaluación integral del adolescente y de la familia teniendo en cuenta:

La edad, su estado general de salud y sus antecedentes médicos.
La gravedad de los síntomas.
La tolerancia a determinados medicamentos o terapias.
Las expectativas para la evolución del trastorno.
La opinión de los padres o cercanos.

El tratamiento puede incluir: medicamentos que estabilicen los estados de ánimo, antidepresivos, psicoterapia, terapia familiar, consulta en la escuela del adolescente, entre otros.

El rol de los padres es vital en este proceso, gran parte del éxito de éste depende de su apoyo y entorno familiar en que el joven vive.

Fuentes: American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, University of Virginia Health System, familydoctor.org


Bulimia nerviosa

¿Qué es la bulimia nerviosa?

La bulimia nerviosa es una enfermedad que se caracteriza por episodios repetidos de ingesta desproporcionada de alimentos y por una preocupación excesiva por el control del peso corporal, lo que lleva al enfermo a adoptar medidas extremas para compensar el aumento de peso. El término bulimia significa ingesta voraz y se añade nerviosa porque esta enfermedad, al igual que la anorexia, implica una serie de alteraciones psíquicas.

La persona bulímica tiene una imagen corporal de sí misma totalmente errónea, (distorsión cognitiva), y una autoestima muy baja que intenta compensar adelgazando y controlando lo que come: no se acepta y busca una solución inmediata a sus conflictos dejando de comer para adelgazar de inmediato. Hambre y ansiedad la llevan a una ingestión desmedida de alimentos lo que genera, a su vez, sentimientos de culpabilidad y descontrol que la conducen al vómito, los laxantes y diuréticos, y a una nueva restricción de alimentos. Así comienza, una y otra vez, este círculo vicioso.

La bulimia se diferencia de la anorexia en que los pacientes de la primera presentan pesos bastante normales, aunque se considera que ambas enfermedades son dos aspectos de un mismo problema (la disorexia), caracterizado, por el temor a aumentar de peso y la necesidad apremiante de tomar y manipular alimentos.

La relación entre ambas enfermedades se observa también en el hecho de que muchas anoréxicas pueden desarrollar bulimia al cabo de un cierto tiempo. Por el contrario, las pacientes bulímicas sólo raras veces desarrollan una anorexia persistente, aunque la bulimia puede estar interrumpida por períodos de ayuno.

Durante los últimos años, la bulimia ha ido aumentando de forma considerable. Los estudios realizados en Europa señalan entre un 1 y un 3% de bulímicos de edades comprendidas entre 15 y 30 años. En Estados Unidos la frecuencia es mayor, entre un 5 y un 10% en estas mismas edades. Estos datos pueden ser más elevados debido a que este trastorno puede pasar inadvertido.

Las mujeres en edades comprendidas entre los 15 y los 24 años son las más afectadas; los varones pueden padecer bulimia nerviosa, pero no parece ser tan frecuente como en el caso de las jóvenes. La proporción es un varón por cada nueve o diez mujeres, una ratio parecida a la de la anorexia.

La sintomatología general de la enfermedad consiste en:

  • Episodios recurrentes de ingesta voraz (consumo rápido de gran cantidad de alimentos en un período corto de tiempo).
  • Sensación de pérdida de control sobre lo que se come (no poder parar de comer ni controlar qué se come).
  • Conducta compensatoria para no ganar peso (vómitos, uso de laxantes y de diuréticos, practicar dietas estrictas o ayunos o realizar mucho ejercicio).
  • La alternancia de atracones y conductas compensatorias se produce, como promedio, al menos dos veces a la semana y durante tres meses como mínimo.
  • Preocupación desmesurada por la figura y el peso.
  • Los atracones se realizan a escondidas por vergüenza ante los demás.

Consecuencias de la bulimia nerviosa

La observación de que en la alternancia cíclica de fases de dieta y ayuno disminuye el metabolismo basal, tiene una especial importancia para el comportamiento de la persona bulímica. Cuanto más se cronifica la situación más difícil les resulta a las pacientes perder peso en las fases de dieta; sin embargo, después de los atracones, se constata un rápido aumento de peso. Esto se debe a que, mientras se mantiene la limitación de alimentos, el metabolismo basal se ajusta con rapidez a los niveles calóricos bajos, ("quema menos"), manteniéndose bajo cuando se recuperan los hábitos alimentarios normales.

A causa del abuso de laxantes y diuréticos se pueden producir trastornos electrolíticos y edemas.

Los vómitos autoinducidos pueden provocar ampollas, desgarros y hemorragias en la garganta y el esófago. Los dientes acaban erosionándose y se desgasta su esmalte.

Los vómitos provocan en las manos erosiones llamadas "signos de Russell" que parecen quemaduras.

Al vomitar, los niveles de sodio y potasio disminuyen y se produce, entonces, debilidad muscular, hormigueo y entumecimiento de los dedos de manos y pies, confusión y falta de concentración, latidos cardíacos irregulares, hipotensión y lesiones renales.

Hay otras consecuencias también graves que afectan al carácter y al comportamiento. La paciente se siente culpable y con mucha ansiedad, siente vergüenza y acaba odiándose a sí misma. Las relaciones con la familia empeoran y la paciente está cada vez más irritable y manifiesta mayor agresividad, situación que se hace extensiva a los amigos y a las relaciones en el trabajo.

Causas de la bulimia nerviosa

Factores biológicos

Hay que considerar la influencia genética ya que se han encontrado correlaciones que avalarían una cierta predisposición hereditaria a padecer la enfermedad aunque no está claro qué es lo que se hereda (predisposición a la obesidad, a padecer trastornos emocionales...)

La predisposición genética a la obesidad podría influir en la aparición de la bulimia nerviosa dada la necesidad de estas personas de controlar su dieta. Se ha encontrado una cierta correlación entre el miedo a engordar y el seguir muchas dietas con el riesgo de padecer una bulimia nerviosa.

Las burlas referidas al aspecto y a la gordura tienen un impacto significativo en la autoestima, en la imagen corporal y, por ello, pueden desencadenar la enfermedad en conjunción con los demás factores.

Factores psicológicos

La imagen que dan de fuerza, independencia, ambición y autocontrol contrasta con la que tienen de sí mismas: se sienten vacías, con un estado de ánimo pesimista y depresivo, debido a sus sentimientos internos de inseguridad, vergüenza, culpa e ineficacia. La mala imagen que tienen de sí mismas contrasta con el ideal que desean alcanzar y que aparentan ser.

La paciente bulímica presenta una serie de dificultades psicológicas que tienen que ver con todos o algunos de los siguientes aspectos:

  • problemas de autonomía
  • déficit de autoestima
  • tendencia al perfeccionismo y al autocontrol
  • miedo a madurar
  • personalidad depresiva y dependiente
  • experiencias traumáticas durante la niñez

Factores familiares

Existe más probabilidad de desarrollar un trastorno alimentario en una familia en la que uno de sus miembros lo ha padecido con anterioridad. También el hecho de que uno de los padres presente un trastorno emocional aumenta el riesgo de que alguno de los hijos desarrolle una bulimia.

En los casos más severos es necesario el internamiento sobre todo si el entorno familiar es muy conflictivo y cuando existen ideas depresivas o autodestructivas.

La terapia familiar está muy aconsejada y da muy buenos resultados favoreciendo tanto la resolución de los conflictos en las relaciones y la comunicación intra-grupo como las posibilidades de apoyo a la paciente por parte de los miembros del grupo familiar.

Mª Ángeles Pérez Montero
Francisco Javier Rodríguez Laguia


El Niño Autista

Cuando al bebé no le gusta que lo abracen o que lo miren a los ojos, o cuando no responde al cariño o al ser tocado, los padres tienen razón para preocuparse. Esta falta de receptividad puede estar acompañada de una incapacidad para comunicarse con otros y de establecer relaciones sociales en cualquier situación. Muchos niños autistas no demuestran preferencia por sus padres sobre otros adultos y no pueden desarrollar una amistad con otros niños. Las destrezas de lenguaje, tanto como las expresiones faciales y gestos no las usan de manera comunicativa. Cuando un niño presenta estos síntomas, los psiquiatras de niños y adolescentes pueden considerar el diagnóstico de Autismo infantil.

El niño autista no se relaciona de manera normal con los objetos. Puede responder de manera extrema y fuera de lo corriente hacia cualquier objeto, sea evitándolo por completo u obsesionándose con él. Por ejemplo, si alguien mueve su cama de un lado de la habitación al otro, el niño autista puede ponerse a gritar histéricamente. Si un objeto se mueve, tal como un ventilador, el niño se fascina, y también puede tenerle un gran apego a objetos extraños, tales como un papel, una gomita elástica o un ladrillo.

Otra característica del autismo es la tendencia a llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva. El niño autista puede dar vueltas como un trompo, llevar a cabo movimientos rítmicos con su cuerpo tal como aletear con sus brazos. Los autistas con alto nivel funcional pueden repetir los comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al acostarse a dormir.

Los padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar con su médico de familia o pedíatra para que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar con certeza el autismo, su nivel de severidad y determinar las medidas educacionales apropiadas. El autismo es una enfermedad y los niños autistas puede tener una incapacidad seria para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento y adiestramiento adecuado, algunos niños autistas pueden desarrollar ciertos aspectos de independencia en sus vidas. Los padres deben de alentar a sus niños autistas para que desarrollen esas destrezas que hacen uso de sus puntos fuertes de manera que se sientan bien consigo mismos.El psiquiatra de niños y adolescentes, además de tratar al niño, puede ayudar a la familia a resolver el estrés; por ejemplo, puede ayudar a los hermanitos, que se sienten ignorados por el cuidado que requiere el niño autista, o que se sienten abochornados si traen a sus amiguitos a la casa. El psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar a los padres a resolver los problemas emocionales que surgen como resultado de vivir con un niño autista y orientarlos de manera que puedan crear un ambiente favorable para el desarrollo y la enseñanza del niño.

Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente


El Suicidio en los Adolescentes

El suicidio entre los adolescentes ha tenido un aumento dramático recientemente a través de la nación. Cada año miles de adolescentes se suicidan en los Estados Unidos. El suicidio es la tercera causa de muerte más frecuente para los jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, y la sexta causa de muerte para los de entre 5 y 14 años.

Los adolescentes experimentan fuertes sentimientos de estrés, confusión, dudas sobre sí mismos, presión para lograr éxito, incertidumbre financiera y otros miedos mientras van creciendo.

Para algunos adolescentes el divorcio, la formación de una nueva familia con padrastros y hermanastros o las mudanzas a otras nuevas comunidades pueden perturbarlos e intensificarles las dudas acerca de sí mismos. En algunos casos, el suicidio aparenta ser una "solución".

La depresión y las tendencias suicidas son desórdenes mentales que se pueden tratar. Hay que reconocer y diagnosticar la presencia de esas condiciones tanto en niños como en adolescentes y se debe desarrollar un plan de tratamiento. Cuando hay duda en los padres de que el niño o el joven pueda tener un problema serio, un examen psiquiátrico puede ser de gran ayuda.

Muchos de los síntomas de las tendencias suicidas son similares a los de la depresión.

Los padres deben de estar conscientes de las siguientes señales que pueden indicar que el adolescente está contemplando el suicidio:

  • cambios en los hábitos de dormir y de comer,
  • retraimiento de sus amigos, de su familia o de sus actividades habituales,
  • pérdida de interés en sus pasatiempos y otras distracciones,
  • actuaciones violentas, comportamiento rebelde o el escaparse de la casa
  • uso de drogas o de bebidas alcohólicas,
  • abandono poco usual en su apariencia personal
  • cambios pronunciados en su personalidad,
  • aburrimiento persistente, dificultad para concentrarse, o deterioro en la calidad de su trabajo escolar,
  • quejas frecuentes de síntomas físicos, tales como: los dolores de cabeza, de estómago y fatiga, que están por lo general asociados con el estado emocional del joven,
  • poca tolerancia de los elogios o los premios.

El adolescente que está contemplando el suicidio también puede:

  • quejarse de ser una persona mala o de sentirse "abominable",
  • lanzar indirectas como: "no les seguiré siendo un problema", "nada me importa", "para qué molestarse" o "no te veré otra vez",
  • poner en orden sus asuntos; por ejemplo, regalar sus posesiones favoritas, limpiar su cuarto, botar papeles o cosas importantes, etc.,
  • ponerse muy contento después de un período de depresión, y
  • tener síntomas de psicosis (alucinaciones o pensamientos extraños).

Si el niño o adolescente dice, "yo me quiero matar" o "yo me voy a suicidar", tómelo muy en serio y llévelo a un psiquiatra de niños y adolescentes o a otro médico para que evalúe la situación. La gente se siente incómoda y no le gusta hablar sobre la muerte. Sin embargo, puede ser muy útil el preguntarle al joven si está deprimido o pensando en el suicidio. Esto no ha de "ponerle ideas en la cabeza"; por el contrario, esto le indicará que hay alguien que se preocupa por él y que le da la oportunidad de hablar acerca de sus problemas.

Si una o más de estas señales ocurre, los padres necesitan hablar con su niño acerca de su preocupación y deben de buscar ayuda profesional. Con el apoyo moral de la familia y con tratamiento profesional, los niños y adolescentes con tendencias suicidas se pueden recuperar y regresar a un camino más saludable de desarrollo.

Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente


Familia, adolescentes y consumo de drogas

Los estudios sobre drogas señalan tres grandes grupos de factores que intervienen en el consumo o en la prevención: factores personales, sociales y familiares.

La familia centrándonos en el último grupo es un agente clave en la prevención de conductas de riesgo ya que en ella, como ámbito natural de socialización primaria de la persona, se desarrollan los comportamientos, actitudes y valores básicos que el individuo perfeccionará a lo largo de su existencia.

La experiencia muestra que las interacciones que se producen entre los miembros de una familia acaban repercutiendo en su funcionamiento general. La piedra lanzada al lago y las ondas que van recorriendo toda la superficie del agua es una socorrida metáfora de cómo actúan las interacciones en el sistema familiar. ¿Pero cómo puede influir la familia en conductas de consumo de drogas de sus miembros adolescentes? Sin perder de vista que la adolescencia, como etapa evolutiva específica, se convierte en un periodo que favorece la experimentación con sustancias. La percepción de su invulnerabilidad, característica del adolescente, puede inducirle a probar sustancias peligrosas en un estado anímico de aparente control o de ausencia de problemas

Previamente, conviene recordar algunos conceptos sobre la utilización de las drogas.

Modelos de consumo

El consumo de sustancias puede responder a los siguientes patrones:

  • Uso: Consumo que no produce consecuencias negativas en el individuo porque no las utiliza habitualmente o las cantidades ingeridas son mínimas.
    Hábito: Consumo repetido que, aunque no implica el incremento de la dosis, sí puede conducir a la dependencia.
    Abuso: Uso excesivo o inapropiado de una sustancia.
  • Los adolescentes españoles que consumen drogas se mueven entre el uso y el hábito, y no tienen por qué estar relacionados con el mundo de la marginalidad y la delincuencia, como ocurría en los años ochenta. En la actualidad, el consumidor adolescente de drogas apenas consume heroína, que es la sustancia más estrechamente relacionada con entornos de marginalidad social.

Tipo de sustancias

Según el Plan Nacional de Drogas, en lo que se refiere a las sustancias legales, en el año 2000 un 68'5 % de los adolescentes consumió alcohol y un 25'3 % tabaco. Entre las drogas ilegales destaca el cannabis con un 28'5% de jóvenes que lo habían probado, seguido de la cocaína y de las drogas de diseño. Frente a patrones tradicionales de consumo, que primaban una sustancia principal en alternancia con esporádicas pruebas con otras, los adolescentes actuales son policonsumidores: suelen ingerir diversas sustancias en función del contexto de ocio en el que se encuentren.

Factores de riesgo en las familias

Los estudios sobre factores de riesgo asociados al consumo, señalan los siguientes factores relacionados con la familia.

  • Sobreprotección: Exceso de protección por la angustia que sienten los padres ante unos hijos cada vez más autónomos. Ésta produce en el adolescente poca autonomía, irresponsabilidad, escaso sentido crítico y dificultad para tomar decisiones ya que en todo momento va a necesitar la aprobación, deseada o no, de sus progenitores. Un adolescente que acaba asumiendo las consecuencias de esta sobreprotección puede presentar una seria dificultad para establecer relaciones grupales o hacerlo de forma dependiente, porque estará excesivamente vinculado a sus padres o asumirá que él, como individuo, debe ser objeto de aprobación en toda relación y tratará de cumplir expectativas aunque no tengan nada que ver con su escala de valores.
  • Falta de comunicación: Dificultad para escuchar o responder adecuadamente por parte de los padres. El adolescente suele quejarse de lo "poco comprendido" que es por sus progenitores, pero no es a esto a lo que nos referimos cuando hablamos de esa dificultad en escuchar o responder. El problema aparece cuando el adolescente, por su lado, y los adultos, por el suyo, perciben que se mueven en mundos totalmente incomprensibles para el otro. Entonces los padres tienden a establecer un paralelismo continuo entre sus experiencias y las que no acaban de entender en su hijo. La situación genera introversión, inseguridad y ansiedad en el joven puesto que percibe que su mundo emocional es cuestionado constantemente. Que el adolescente asuma esto como natural supondrá dependencia en las relaciones sociales, problemas de integración y excesiva subordinación al grupo ya que necesitará ganar ese lugar que no encuentra en su familia.
  • Dificultad para fijar límites: La permisividad o rigidez de los adultos son igualmente dañinos para el adolescente y aún más nociva será la oscilación entre ambos sin un motivo definido. La permisividad acarrea dificultades para interiorizar normas debido a que la ausencia de ellas en el entorno familiar impedirá, al no comprender su necesidad social, la generalización a otros medios. La rigidez genera falta de flexibilidad en el cumplimiento de las normas o una tendencia a la transgresión de las mismas, además de condenar al adulto a una actividad permanente para normativizar todo. La oscilación entre ambos extremos expone al adolescente a una situación de indefensión, en la que no sabe qué es lo que se espera de él. Esto se traduce en un liderazgo impositivo o en una inhibición relacional, dos extremos desequilibrados y despersonalizantes que impiden que el sujeto se manifieste como realmente es.
  • Situación familiar conflictiva: La relación conflictiva entre los padres produce cambios bruscos de comportamiento e incremento de la ansiedad en los hijos. Aunque el proceso evolutivo del adolescente le lleva a diferenciarse de su familia, ésta sigue siendo -aun por contraposición- la referencia central en su proceso de maduración. Una relación familiar conflictiva conlleva en el adolescente la dependencia del grupo que así intenta conseguir su amparo o la dificultad para establecer relaciones grupales que eviten el compromiso relacional que tanto dolor le causa en su familia.
  • Consumo excesivo de drogas por parte de los padres: No nos referimos exclusivamente a las drogas ilegales, el alcohol consumido por los padres puede ser una importante fuente de problemas en la familia. Asimismo hay que enfatizar que una actitud permisiva o el mismo consumo de sustancias tóxicas en los progenitores puede promover un aprendizaje por modelado y facilitar la incorporación del adolescente a grupos de consumidores.
  • Sobreexigencia: Exceso de expectativas sobre el adolescente. El afán de que los hijos obtengan éxito y logren las mejores oportunidades puede ocultar a los padres las verdaderas capacidades, necesidades y deseos de sus hijos. Y, en consecuencia, quizá estos pueden llegar a sentirse infravalorados. La sobreexigencia favorece la falta de motivación y añade dificultades para aceptar los fracasos. En las relaciones sociales, podría implicar rivalidad porque el joven sometido a sobreexigencia tenderá a pensar que se es bueno si se es mejor que otro.

Todos estos factores citados se correlacionan con el consumo de droga pero no lo implican necesariamente. Aun en el caso de que se diesen todas estas situaciones, el muchacho expuesto a ellas no está abocado a consumir, ni tan siquiera a probar, sustancias tóxicas. Es decir, no puede negarse la influencia de los factores de riesgo en el entorno familiar, pero no son los únicos, estos confluyen con otros factores individuales y sociales en el inicio y mantenimiento de las conductas de consumo.

¿Cómo proteger dentro de la familia?

No existen fórmulas magistrales para evitar el consumo de sustancias en los hijos adolescentes. Cada adolescente es diferente. Nada arreglará que hablemos de las drogas con nuestros hijos si antes no hubo un acercamiento sincero a su mundo emocional y el deseo de hacerles notar que pueden contar con nosotros cuando lo deseen y necesiten. Como dice Jaume Funes "no habrá posibilidad de ayudarles [a los adolescentes] cuando tengan problemas con el consumo de drogas si antes no se les prestó ayuda simplemente cuando tenían dificultades, cuando estaban en crisis"

En todo caso siempre podemos reconocer el mayor número de los factores de riesgo en nuestro ámbito familiar y transformarlos en factores de protección:

Protección orientada a la autonomía. Estar pendientes para evitar riesgos innecesarios pero pretendiendo que sean ellos los que vayan formando sus propios criterios. Se trata de que nuestro hijo tenga una autoestima alta y equilibrada que le permita desenvolverse sin lanzarse a riesgos innecesarios.

Comunicación. Escuchar desde las necesidades de los adolescentes. Intentar no juzgarles, invitarles a la reflexión y respetar sus decisiones.

Establecer unos límites claros y estables. Ayudarles a ser autónomos no implica permitir que hagan lo que quieran. Los límites producen, entre otras cosas, seguridad.

Coherencia. No podemos pretender que nuestros hijos no consuman sustancias tóxicas si nosotros no somos capaces de no excedernos o de mantener una posición sin ambigüedades al respecto. Los adultos quizá seamos capaces de buscar el equilibrio pero no olvidemos que la adolescencia es una etapa de extremos.

Exigencia. No se trata de pedirles lo imposible, pero tampoco de permitirles desaprovechar sus capacidades e ilusiones.

La información sobre la peligrosidad de las drogas no es suficiente y en ocasiones resulta ineficaz. La labor de los padres ha de estar orientada a establecer vínculos familiares sanos, a ocuparse y no "preocuparse" del ocio de sus hijos e incrementar la autoestima de los adolescentes para que sean ellos, desde su propia seguridad, los que puedan decir: "no".

José Luís Sancho acero


Las primeras salidas por la noche

¿Tiene usted un adolescente en casa que empieza a salir por la noche?, ¿le resulta difícil controlar las salidas de su hijo/a?, ¿suele llegar a conflictos con su hijo/a para acordar la hora de vuelta a casa después de una salida nocturna?, ¿le preocupan las amistades con las que su hijo/a frecuenta la noche? Son interrogantes que en el seno de muchas familias suceden a diario y a lo largo de la historia. Este artículo pretende reflexionar sobre este tema que puede ser más o menos escabroso dependiendo (como en otros tantos temas) de la actitud de mayor o menor comprensión de los padres ante la situación y del entendimiento que exista entre las partes implicadas.

También nos planteamos en este artículo las situaciones en las que los hijos piden dormir por primera vez fuera de casa, con su mejor amigo, con un primo... Los padres deben saber estar a la altura de las circunstancias, saber reaccionar y comprender que es un buen momento para otorgar ciertas responsabilidades a los hijos y fomentar su autonomía social. A continuación se plantean algunas pistas muy enriquecedoras.

Los jóvenes albergan la ilusión de que la noche es suya, de que en el mundo nocturno sólo están ellos sin el control de los adultos. Cuando es niño, es obligado “irse pronto a la cama”, en consecuencia un rito de “paso” a la adolescencia significa conquistar el derecho a dominar la hora de recogerse por la noche. Y por último, la posesión total de ese atributo adolescente: pasar la noche fuera de casa; este es el privilegio máximo de los jóvenes.

En las edades más tempranas de la adolescencia de los hijos, es decir, la preadolescencia, los padres deben reconocer el atractivo que tiene dormir en casa de un amigo. Se sienten tan amigos que no les basta pasar el día juntos. Es muy gratificante contarse experiencias y dormirse con estas historias y aventuras. Muchas veces los recuerdos más agradables de la infancia tienen que ver con estas vivencias. Es conveniente que los padres aprovechen educativamente esta situación cumpliendo algunos requisitos:

  1. Conocer la familia del amigo y que el ambiente sea saludable y acorde a nuestras ideas.
  2. Que el joven esté preparado para convivir con personas distintas de su familia.

En ocasiones los chicos se pueden mostrar obedientes y dóciles con nosotros y cuando no se sienten vigilados son muy distintos. Debemos enseñarle que no se puede comportar con la misma familiaridad que en su casa. Desde que son pequeños debemos habituarles a relacionarse con los demás, es cuando comienzan a ampliar su círculo y a darse cuenta que los demás pueden ser amigos suyos.

Puede que sean tímidos por lo que convivir con otros chicos/as de su edad fuera de casa les obligará a poner en práctica habilidades sociales, saludar, mostrarse amable, responder a las preguntas, etc. Esto es todo un entrenamiento para el futuro.

Un error de algunos padres consiste en pretender prolongar la infancia impidiendo a sus hijos asumir responsabilidades. Es una regla de oro en educación que los padres acostumbren a sus hijos a hacer por sí mismos lo que son capaces de hacer de acuerdo con su edad. Así cuando se planteen nuevas situaciones estarán preparados para hacerles frente.

Aquellas actividades que impliquen un cierto alejamiento de la “presencia y protección” de los padres son maneras adecuadas de conseguir “autonomía”.

Existen casos de padres que quieren ser tan amigos de sus hijos que no les dan la suficiente autonomía para dejar que se relacionen con sus iguales.

La amistad es hermosa pero los verdaderos amigos no deben ser los padres sino personas de su edad con sus mismos problemas, inquietudes e ilusiones.

El adolescente necesita la autoridad paterna y se puede armonizar con compartir con ellos valores propios de la amistad, confianza, generosidad, lealtad, etc.

En etapas anteriores a la adolescencia, los padres pueden sustituir de alguna manera a los amigos de los hijos y ocupar su tiempo libre. Sin embargo en la adolescencia esto resulta implanteable. Los puntos de contacto que quedan con los hijos serán afinidades, gustos o aficiones que hayamos sembrado de pequeños. Por ejemplo, acompañarles a algún partido que practica, salir juntos a andar o montar en bici, coleccionar cromos y colocarlos juntos en el álbum... Estas situaciones siempre se harán con “afecto desinteresado”; si le acompañamos al partido ha de ser para servirle de apoyo no para “proyectarnos” en sus jugadas. Compartir tiempo con los hijos no debe pretender entrar en su mundo de intereses propiamente adolescentes para llegar a su intimidad. A veces es más conveniente invitar al adolescente a nuestro mundo y conseguiremos además un cultivo inmejorable para llegar a su intimidad: en una mañana de natación bien aprovechada se puede conocer más al hijo que en un año de “compartir” casa.

A los 15 años las actividades deportivas tienen mucho interés para los chicos/as; plantear un partido de tenis puede tener gran éxito, pero después hay que mantener una periodicidad más o menos concreta para alcanzar esa costumbre.

Los hijos además de todo lo anterior, necesitan algo muy importante para alcanzar su autonomía e independencia: LA AUTORIDAD DE LOS PADRES. ¿Cómo conseguir que los hijos hagan caso a los padres?:

  1. Con unas pocas normas muy claras.
  2. Favoreciendo su participación a la hora de tomar decisiones.

En los últimos años la autoridad de los padres se ha debilitado, se encuentra en entredicho, pero buscar soluciones fuera de la familia no sirve de nada. Son los padres los que deben educar a los hijos. Cuando existe crisis de autoridad puede que falte alguna de estas condiciones:

  • Que exista consenso entre padre y madre.
  • Autoridad participativa llegando a acuerdos.
  • El fin a perseguir es la educación y autonomía de los hijos.
  • Coherencia con la conducta de los padres.
  • Que se apoye en valores y normas estables.
  • Que se traduzca en hechos.

Los padres que quieran aumentar o mantener su autoridad no deben discutir delante de los hijos con relación a temas que les atañen a ellos. Nunca desautorizar a la pareja.

Deben tenerse en cuenta las opiniones de los hijos y no tratar de imponer de manera despótica la opinión o punto de vista, comportándose de forma demasiado exigente mandando y obligando puesto que así conseguirán indisciplina y rebeldía. Es conveniente proponer y sugerir.

Utilizando el “no” sin complejos llegaremos a obtener el control de los hijos. Deben entender que a veces es bueno renunciar a algo. Entre mantener una actitud autoritaria o dar libertad absoluta a los adolescentes, hay un término medio. Lo realmente eficaz es actuar de manera progresiva. Dar dosis de libertad basadas en el dialogo.

Conforme se demuestre su coherencia y responsabilidad, se debe ir ampliando este margen.

En la etapa adolescente el joven debe aprender a convertirse en su propio guía. No conviene que los padres mantengan sistemas autoritarios ni tampoco excesivamente permisivos. Entonces, ¿DEBEMOS EXIGIR O NO A LOS JÓVENES? A partir de ahora depende de ellos. En la medida en que consigan autoexigirse, los padres soltarán amarras. Siguiendo a JOSÉ MARÍA LAHOZ GARCÍA en su artículo “¿Exigir a un adolescente?” podemos apuntar algunos aspectos en los que el individuo puede llegar a la autoexigencia:

  1. Dominio de impulsos y manifestaciones agudas en su carácter.
  2. Respeto de los derechos de los demás como límite a su propia libertad.
  3. Subordinar el placer y la libertad a la realidad y previsión del futuro.
  4. Liberarse de lo que impida apreciar lo que tiene realmente valor.

Comunicar los anteriores objetivos a los chicos sólo será posible si los padres son capaces de vivir la propia autoexigencia. En el momento en que no se es coherente ni hay esfuerzo por parte de los padres la autoridad ante los hijos queda anulada.

La libertad y la autonomía respecto al uso del tiempo libre, el uso del dinero, el horario de llegada o la petición de pasar la noche fuera de casa hay que otorgarla en función de la responsabilidad demostrada. Esta será la clave:

A mayor responsabilidad
mayor autonomía.
Falta de responsabilidad
restricción de autonomía.

En cualquier caso, los padres deben asegurarse de conocer dónde y en qué condiciones estarán los hijos. Lo pueden hacer aplicando pautas como las siguientes: hablar con los padres de los amigos, cuidar que no haya hermanos mayores con ambientes desacostumbrados para ellos y dejar claro que pasará cierto tiempo hasta que puedan volver a dormir fuera si este fuera el caso. Esto no debe convertirse nunca en una costumbre ni en un capricho.

BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA CON EL TEMA:

PAULINO CASTELLS y TOMÁS J. SILBER: “Guía práctica de la salud y psicología del adolescente”
Editorial Planeta S.A., Barcelona, 1998

J. URRA: “Adolescentes en conflicto” 29 casos reales
Ediciones Pirámide.

BERNABÉ TIERNO: “Educar a un adolescente: la guía con todas las respuestas”
Editorial Temas de Hoy.

JOAQUÍN CALLABED: “Conocer y ayudar al adolescente”
Editorial Tempore.

SAL SEVERE: “Cómo educar a sus hijos con el ejemplo”
Editorial Gestión 2000

OLIVEROS FERNÁNDEZ: “Autonomía y autoridad en la familia”
Editorial Ediciones Universidad de Navarra S.A.

Mª Ángeles Pérez Montero

Francisco Javier Rodríguez Laguia


La tristeza y la depresión infantil

Expresar sentimientos no es tarea sencilla. Los padres deben contribuir a que sus hijos aprendan a expresar sus sentimientos y emociones asegurándose de proporcionarles los modelos más adecuados de aprendizaje emocional y de expresión de sentimientos.

Este tipo de aprendizaje se realiza fundamentalmente en la familia porque los padres aman a los hijos y los hijos a los padres y esto es suficiente para iniciar el arte de comprender y sentir sus emociones. Este aprendizaje emocional se manifiesta en lo que los padres dicen y hacen y también en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos en pareja.El PRIMER PASO para conseguir salir triunfantes en esta difícil tarea es ser capaces de escuchar con toda atención a los hijos, en cualquier situación y edad. Los padres deben transmitirles que sus sentimientos son tan importantes para ellos como para los padres.
Otro punto importante es no intervenir con palabras antes de que ellos hayan expresado totalmente sus inquietudes. Alguna expresión como “vaya”, sin emitir más palabras les dará espacio para comunicarse sin sentirse juzgados. Expresiones de este tipo manifiestan interés por lo que los hijos dicen; expresan que los padres les escuchan e intentan comprender; se trata, en definitiva de emitir respuestas abiertas (aspecto que trataremos en otro artículo).
En tercer lugar, hay que ayudarles a nombrar lo que sienten. Cuando los niños saben que son escuchados y comprendidos aprenden a fiarse de sus sentimientos, a manejar emociones como la tristeza, antipatía, vergüenza, ira o rechazo. Para tener éxito en las relaciones sociales es fundamental mantener el control de las emociones, por encima del carácter personal y ello se consigue si en la familia se lo facilitamos.

Según la profesora CARMEN HERRAR GARCÍA con los siguientes CONSEJOS PRÁCTICOS conseguiremos que los hijos lleguen a ser adultos emocionalmente estables:

  1. Escuchar atentamente sin intervenir hasta el final.
  2. Darle tiempo a que se explique y que llegue a sus propias conclusiones.
  3. Conceder credibilidad y confianza a sus sentimientos: no recriminarle ni juzgarle.
  4. No hacer juicios previos etiquetándole.
  5. Ayudarle a nombrar lo que siente. Debe reconocer y diferenciar sentimientos: temor, ira, miedo, alegría, sorpresa, disgusto...
  6. Promover en casa un ambiente general de escucha y respeto por los sentimientos de todos los miembros.

Si se observa el desarrollo emocional de los niños se pueden descubrir estadios iniciales de problemas que pueden llegar a ser serios. Hablamos de algunos síntomas como tristeza persistente, lloros. Esto puede ser una señal de alarma ante una depresión infantil, que diagnosticada tempranamente se podrá tratar con eficacia.

La DEPRESIÓN se puede definir como una situación afectiva de tristeza mayor en intensidad y duración que ocurre en un niño. Es una enfermedad causada por la condición depresiva persistente interfiriendo con la habilidad de funcionar del niño o adolescente.

Existe mayor riesgo de padecerla en niños que viven con mucha tensión o que han experimentado una pérdida traumática. También hay riesgo en niños que tienen desórdenes de la atención del aprendizaje o la conducta. Decíamos que es importante observar la conducta, o más bien, el cambio en la conducta para detectar posibles anomalías. Si un niño deja de jugar con sus amigos para pasar más tiempo sólo; si las cosas que le gustaban ya no le interesan o incluso si se empieza a portar mal en casa o en la escuela debemos dialogar de modo amigable con él para compartir lo que está experimentando y ayudarle.

Existen algunos síntomas que nos pueden dar la clave ante una depresión: tristeza, irritabilidad, anhedonia (pérdida del placer), llanto fácil, falta del sentido del humor, cambios en el sueño, baja autoestima, sentimiento de no ser querido, cambios de apetito y peso, hiperactividad e ideación suicida.

Además de los anteriores síntomas también pueden observarse conductas como las siguientes:

  1. Quejas frecuentes de enfermedades físicas como dolor de cabeza y estómago.
  2. Deterioro en los estudios o faltas en la escuela.
  3. Falta de energía y aburrimiento persistente.
  4. Concentración pobre.
  5. Desesperanza.
  6. Pérdida de interés en sus actividades favoritas; o inhabilidad para disfrutar de las actividades favoritas previas.
  7. Aislamiento social, comunicación pobre.
  8. Sensibilidad extrema hacia el rechazo y el fracaso.
  9. Aumento en la dificultad de relacionarse, coraje u hostilidad.
  10. Cambios notables en los patrones de comer y de dormir.
  11. Hablar de o tratar de escaparse de la casa.

El diagnóstico y tratamiento temprano es esencial ya que es una enfermedad real que requiere tratamiento y ayuda profesional. Algunos niños admiten cuando se les pregunta que están tristes o que son infelices. De ahí la importancia de la familia para recoger las inquietudes emocionales de los hijos y como decíamos al principio, fomentar el clima apropiado para expresar sentimientos o estados de tristeza y poder afrontarlo.

¿POR QUÉ SE PRODUCE LA DEPRESIÓN INFANTIL? Existen varios aspectos:

  • Conductual: porque hayan ocurrido acontecimientos negativos en la vida del niño o ausencia de refuerzos.
  • Cognitivo: cuando el niño ha tenido experiencia de fracasos, juicios negativos o indefensión aprendida entre otros.
  • Psicodinámico: si ha existido pérdida de autoestima o pérdida del objeto bueno.
  • Biológico: si existe una disfunción del sistema neuroendocrino, disminución de la actividad de la serotonina y por efecto de la herencia.

De todos estos factores se produciría una conducta desajustada cuando interaccionan varios de ellos. En la familia el niño va a desarrollar los elementos básicos para su vida futura: el lenguaje, motivaciones, hábitos, etc. En principio, el apego del niño a la madre es fundamental en su desarrollo personal y social. Los apegos inseguros se han relacionado con todo tipo de problemas de conducta y con la depresión.

También es fundamental las buenas relaciones del niño con sus padres así como el puesto que ocupa entre los hermanos. Se sabe que la posición intermedia es la más vulnerable. Es importante que los padres construyan de manera adecuada la autoestima en los niños así como incentivar la capacidad de afrontar problemas y manejar la frustración.

Y ¿QUÉ PAPEL TIENE LA ESCUELA CUANDO SE PRESENTA ESTA SITUACIÓN?
En ella se puede localizar precozmente cualquier atisbo de depresión. También el rendimiento escolar puede determinar algún problema pudiendo ser causa o efecto de la depresión. De ahí la importancia de una buena evaluación y seguimiento del maestro para detectar cambios. En cuanto a los instrumentos de evaluación de la depresión infantil (esto únicamente lo damos a conocer a los padres a título de información, no para ponerlo en práctica), se pueden encontrar pruebas de lápiz y papel: entrevistas, cuestionarios, etc., en este caso si se quieren medir conductas interiorizadas. Y en el caso de querer medir una conducta manifiesta, se hará una observación de conducta, registro de conducta y aplicación del juego infantil.

También existen pruebas de carácter endocrino para evaluar aspectos biológicos. Es de gran ayuda la entrevista a los maestros, compañeros y familia del niño.

Por último cabe hablar de ¿QUÉ TRATAMIENTO SEGUIR? En principio, por supuesto el que el especialista establezca. Sabemos que lo lógico es que sea individualizado y dependerá de la fase de desarrollo en que se encuentre el niño. Se acudirá al psicólogo para realizar terapia familiar o individual y, dado el caso, un tratamiento farmacológico puede ayudar.

BIBLIOGRAFÍA RELACIONADA CON EL TEMA:

FRANCISCO XAVIER MÉNDEZ: “El niño que no sonríe” Estrategias para superar la tristeza y la depresión infantil.
Ediciones Pirámide
FRANÇOISE SAGAN: “Buenos días, tristeza”
Ediciones Cátedra
MARTIN E. P. SELIGMAN: “Aprenda optimismo”
Grijalbo Mondadori
Mª LUISA FERRERÓS:” Educar con inteligencia emocional”
Tibidabo, S.A.
MAURICE J. ELIAS, STEVEN E. TOBIAS Y BRIAN S. FRIEDLANDER: “La amistad”
Plaza & Janes Editores
FRANCESCO ALBERONI: “Guía para la salud emocional del niño”
Gedisa, S. A.

Mª Ángeles Pérez Montero

Francisco Javier Rodríguez Laguía


Los niños que no pueden prestar atención (ADHD)

Los padres se preocupan mucho cuando reciben una carta de la escuela diciendo que el niño "no le presta atención a la maestra" o que "se porta mal en la clase". Una posible causa para este tipo de comportamiento es el Trastorno Hiperactivo de Déficit de Atención (ADHD).

Aun cuando el niño con ADHD quiere ser un buen estudiante, su comportamiento impulsivo y su incapacidad para concentrarse o para prestar atención en clase con frecuencia interfiere y le causa problemas. Los maestros, los padres y los amigos saben que el niño "se está portando mal" o que "es diferente", pero no saben exactamente qué es lo que está mal.

Cualquier niño puede no prestar atención, distraerse con facilidad, actuar de manera impulsiva o ser hiperactivo a veces, pero el niño con ADHD muestra estos síntomas y este comportamiento con mayor frecuencia y severidad que los otros niños de su misma edad o nivel de desarrollo. El ADHD ocurre en 3-5% de los niños de edad escolar. El ADHD tiene que comenzar antes de los 7 años de edad y puede continuar hasta que el niño llega a ser adulto. El ADHD ocurre en familias, con alrededor de un 25% de los padres biológicos habiendo tenido esta condición médica.

Un niño con ADHD con frecuencia muestra algunas de las siguientes características:

  • dificultad para prestar atención
  • falta de atención hacia los detalles y comete errores por ser descuidado
  • se distrae fácilmente
  • pierde los materiales escolares y se olvida de entregar la asignación
  • tiene dificultad para terminar los trabajos escolares y las asignaciones
  • dificultad para escuchar
  • dificultad para llevar a cabo ordenes múltiples de los adultos
  • impulsividad al dejar escapar las contestaciones cuando no se le pregunta
  • impaciencia
  • es inquieto o se agita
  • deja su asiento y corre o trepa de manera excesiva
  • parece que siempre tiene que estar haciendo algo
  • habla demasiado y tiene dificultad para jugar tranquilo
  • interrumpe o se entromete en lo de otros

Al niño que presenta los síntomas del ADHD tiene que hacérsele una evaluación comprensiva. Un niño con ADHD puede tener otros desórdenes psiquiátricos tales como un desorden del comportamiento, desorden de ansiedad, desorden depresivo, o desorden maníaco-depresivo.

Sin el tratamiento adecuado, el niño se atrasa en sus estudios y pierde sus amistades. El niño experimenta más fracasos que éxitos y es criticado por los maestros y familiares que no reconocen su problema de salud.

Las investigaciones demuestran claramente que los medicamentos pueden ser de gran ayuda. Los medicamentos estimulantes tales como el metilfenidato, la dextroanfetamina, y el pemolina pueden mejorar la atención, la habilidad para enfocarse, el comportamiento dirigido hacia metas y las destrezas organizacionales. Otros medicamentos, tales como la guanfacina, la clonidina y algunos antidepresivos pueden también ayudar.

Otro enfoque del tratamiento puede incluir una terapia cognoscitiva y de comportamiento, entrenamiento en las destrezas sociales, entrenamiento de los padres y modificaciones en el programa educativo del niño. La terapia de comportamiento puede ayudar al niño a controlar su agresividad, a modular su comportamiento social y a que sea más productivo. La terapia cognoscitiva puede ayudar al niño a crear autoestima, a reducir los pensamientos negativos y a mejorar las destrezas para resolver problemas. Los padres pueden aprender a manejar las destrezas, tales como el dar instrucciones paso por paso en vez de pedirle varias cosas a la misma vez. Las modificaciones en la educación pueden ser dirigidas hacia los síntomas de ADHD a la vez que hacia las incapacidades de aprendizaje coexistentes.

Un niño que ha sido diagnosticado con ADHD y tratado de forma apropiada puede tener una vida productiva y exitosa. Si el niño demuestra síntomas y comportamiento como los de ADHD, los padres pueden pedirle a su pediatra o a su médico de familia que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar y tratar esta condición médica.

Academia Americana de Psiquiatría
del Niño y del Adolescente


Los tic nerviosos

Un tic es un problema en el cual una parte del cuerpo se mueve repetidamente, rápidamente, de repente y sin control. Los tics pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo, tales como la cara, los hombros, las manos o las piernas. Se pueden parar voluntariamente por períodos breves. A los sonidos que se hacen involuntariamente (tales como el rasparse la garganta) se les llama tic vocales. La mayor parte de los tic son leves y apenas se notan. Sin embargo, en algunos casos son frecuentes y severos y pueden afectar muchas áreas de la vida del niño.

Al tic más común se le llama "desorden de tic transitorio", el cual puede afectar hasta un 10 porciento de los niños en los primeros años de la escuela. Los maestros y otros pueden notarle el tic y piensan que debe de sufrir de estrés o estar "nervioso". Los tics transitorios se van por sí solos. Algunos se pueden empeorar con la ansiedad, el cansancio y algunos medicamentos.

Algunos tic no se van nunca. A los tic que duran por más de un año se les llama "tic crónicos". Los tic crónicos afectan menos de un uno porciento de los niños y pueden estar relacionados con un tic especial y poco frecuente llamado el "Desorden de Tourette".

Los niños con el desorden de Tourette tienen ambos tic, corporales y vocales (rasparse la garganta). Algunos tic desaparecen después de la adolescencia y otros continúan. Los niños con el desorden de Tourette pueden tener problemas de atención, concentración y pueden también tener dificultades con el aprendizaje. Pueden actuar con impulsividad, o pueden desarrollar obsesiones y compulsiones

Algunas veces las personas con el Desorden de Tourette pueden decir palabras obscenas, insultar a otros o hacer gestos y movimientos obscenos. Ellos no pueden controlar los sonidos y movimientos y no se les puede culpar por ellos. El castigo de los padres, las burlas de los amigos y los regaños de los maestros no ayudan al niño a controlar los tic, pero van a herir su autoestima.

Mediante una evaluación médica comprensiva, que a menudo incluye consultas pediátricas y/o neurológicas, el siquiatra de niños y adolescentes puede determinar si el joven sufre del Desorden de Tourette o de otro tic nervioso. El tratamiento del niño con un tic nervioso puede incluir medicamentos que lo ayuden a controlar los síntomas. El siquiatra de niños y adolescentes también podrá aconsejar a la familia en cómo darle apoyo emocional al niño y proporcionarle un ambiente adecuado para su educación.

El niño marginado por el grupo
por Bernabé Tierno

A un niño poco sociable, más bien tímido y que tiende al aislamiento, se le ha venido considerando casi siempre como un niño «educado, obediente y bueno».

Pero al llegar a la escuela donde necesariamente tiene que afrontar los primeros contactos sociales, adaptarse a un nuevo ambiente y a personas desconocidas, el niño «bueno» presenta reacciones de pánico y de rechazo al contacto social, a cuanto signifique dejar el refugio del hogar.

Si los padres educadores no actuamos a tiempo, con serenidad pero con firmeza, y enseñamos al pequeño las destrezas sociales necesarias, el aislamiento y la marginación inicial no tardarán tiempo en hacerse crónicos.

Evitar el aislamiento

Si a un niño se le priva de relacionarse con los demás durante los seis-siete primeros años de la vida, es la propia familia quien está propiciando de manera directa la marginación de su propio hijo por el grupo, por las siguientes razones:

1. El niño aprende las destrezas sociales en la realidad con la práctica del contacto diario con otros niños. El hogar cerrado que aísla al niño del entorno en que vive durante la infancia impide de manera directa el aprendizaje social.
2. El niño va creciendo pero teme a los demás y también a lo desconocido por su falta de experiencia y ante el temor a no caer bien, a no saber cómo comportarse ante los otros niños por desconocer sus reacciones, 0pta siempre por replegarse en sí mismo y seguir viviendo aislado y en solitario.
3. Los demás niños caen en la cuenta de que el otro compañero solitario no se acerca a ellos y lo consideran extraño y distinto. No se fían de él y le marginan, le cierran las puertas a la integración. Además lo encuentran un niño soso y asustadizo que considera que los demás niños son malos porque son activos y traviesos.
4. Como consecuencia de todo ello, ese niño retenido en casa físicamente y súper protegido, no tardará en convertir en algo crónico la inseguridad que siente ante otros niños autónomos y acostumbrados a afrontar por sí mismos ciertas dificultades, incidentes y problemas.

Consecuencias de la sobreprotección

Las experiencias vividas como persona capaz de comunicarse y de responder adecuadamente a los demás ante sus ataques son escasas o nulas en estos niños que, por una parte, desearían saber integrarse con los demás y sentirse aceptados, pero por otra temen y odian a ese grupo fuerte que no le acepta, porque él mismo es quien se margina al no haber aprendido las destrezas sociales que hacen posible la integración en el grupo.

La sobreprotección que algunos padres ejercen sobre sus hijos desde la más tierna infancia y que se manifiesta sobre todo en resolverles todo tipo de problemas y apartarlos de cualquier dificultad, unida a la permanente atención sobre ellos y a darles todos los caprichos, contribuye a hacer crónica la dependencia más absoluta del niño y a impedir el logro de la autonomía suficiente y de la seguridad en sí mismo para relacionarse con los demás e irrumpir con entidad y fuerza propia en el grupo social.

La integración social

Todo niño marginado por el grupo lo es en la medida en que no se ha llevado a cabo de manera gradual la integración social por haber quedado afectado alguno de los siguientes factores:

1. Aceptación familiar del niño tal como es, permitiendo el desarrollo de su propia individualidad.
2. Buen nivel de participación en las actividades propias de los sujetos de su misma edad, tanto en la escuela como en el barrio donde vive y juega.
3. Alto nivel de participación en actividades de ocio, diversión y tiempo libre.
4. Criterio propio, capacidad de autodeterminación y cierta autonomía personal e independencia.

Vemos pues que, para ayudar a un niño marginado, el primer paso que han de dar los padres y educadores es determinar claramente qué aspectos de la integración están fallando.

En realidad no es posible abordar la integración social del niño y adolescente como un todo. Así, por ejemplo, las exigencias de la situación escolar no son las mismas que las del medio familiar o las del grupo de amigos o las del joven que empieza en un medio laboral o universitario, y las habilidades o destrezas sociales de la relación interpersonal serán también distintas a seguir. Hay situaciones que requieren competencias específicas.

Hay sujetos (niños o adultos) que no disponen de las destrezas precisas para integrarse en determinados ambientes. Otros sujetos sólo logran una adaptación aceptable en ambientes que les proporcionan condiciones claramente facilitadoras de su realización personal, en grupos muy reducidos.

Pautas a seguir

Si analizamos los requisitos necesarios para que se dé la integración, observaremos que han de ser equivalentes al conjunto de habilidades que permitirán al niño un comportamiento acorde con la norma, con la manera de proceder de la mayoría. En consecuencia, si deseamos lograr que el niño se integre en un determinado ambiente es imprescindible:

Para prevenir:

1. Determina, describe y analiza cuáles son los comportamientos que en ese medio social, en concreto, se precisan para comportarse con normalidad.
2. De entre los comportamientos seleccionados y descritos, evalúa cuáles son los que el niño ha aprendido y utilizado y cuáles no.
3. Enséñale aquellas habilidades que aún no ha aprendido y que estimas como necesarias para que se sienta aceptado e integrado en un determinado medio social.

Para integrarlo:

1. Entrénalo para que aprenda a estar relajado y tranquilo un rato junto a niños que no le rechacen demasiado.
2. Enséñale a descubrir el punto flaco de cualquier niño y a que tu hijo reconozca y alabe públicamente alguna destreza o virtud de ese chico.
3. Que aprenda a mantener la calma y la tranquilidad ante los primeros desprecios e insultos y a permanecer junto a los demás demostrándoles que no les teme.
4. Premia y refuerza los comportamientos de acercamiento al grupo y alaba cada día la conducta de tu hijo en este sentido.

En unas cuantas semanas, con tu ayuda eficaz, la técnica adecuada y la actitud de esfuerzo, tu hijo habrá logrado integrarse en el grupo.


El niño perezoso
por Bernabé Tierno

La pereza en el niño se manifiesta por una ausencia de reacción ante los diversos estímulos y se caracteriza por la tendencia a seguir siempre la línea del mínimo esfuerzo.

Lo normal es que la pasividad sea una reacción más o menos pasajera ante determinados acontecimientos que han desbordado las posibilidades del niño al considerarse incapaz de lograr ciertos objetivos que considera muy difíciles o inalcanzables para él.

Las reacciones de pereza, pasividad y dimisión van en la misma línea que las reacciones de oposición, aunque son de signo contrario. La oposición es una conducta activa, mientras que la dimisión es pasiva.

El niño o el adolescente perezoso se muestra incapaz de reaccionar en todos los campos. Rehúsa cualquier esfuerzo físico o intelectual; a veces pierde el apetito; se hace menos comunicativo; duerme poco o mal y presenta diversos síntomas. Todos ellos con el mismo denominador común de la inseguridad. Los padres súper protectores y permisivos son los principales causantes del aprendizaje de conductas pasivas y en consecuencia de los hábitos de pereza privándoles de realizar casi todas las cosas por ellos mismos.

Origen depresivo

La depresión, en cuanto estado de ánimo que comporta esencialmente una disminución del tono psíquico y de la actividad física e intelectual, conlleva pasividad, va asociada a dificultades intelectuales y contribuye a fomentar o propiciar la pereza. Es decir, que a la pereza también se llega desde la depresión. El niño o adolescente con un temperamento deprimido tiende a presentar ciertas señales que no le impide llevar una vida dentro de la normalidad, pero que se caracteriza por un rápido desánimo y una permanente necesidad de ser alentado y estimulado. Casi siempre pasa por perezoso, pero en realidad es un niño tendente a los estados depresivos y por lo tanto debe ser tratado como tal.

Los padres y profesores observarán en estos casos un brusco descenso en el rendimiento escolar, falta de apetito, frecuentes crisis de lágrimas, rechazo de la diversión y de los juegos.

Pero debemos tener cuidado para no equivocarnos. Un estado depresivo se esconde algunas veces tras la máscara de una actividad tan desordenada y agitada como ineficaz e incomprensible. El diagnóstico y tratamiento debe correr, en todo caso, a cargo del psicólogo.

No confundir con lento

Es de capital importancia que padres y educadores profundicemos en este enunciado y comprendamos que los niños se desarrollan a distinto ritmo y con mayor o menor rapidez en las distintas esferas y niveles. Hay, por tanto, un amplio rango de diferencias enmarcadas dentro de lo normal.

Sin embargo, se dan muchos casos de niños que presentan un desarrollo lento bastante marcado, ya sea en lo físico, en lo intelectual o en lo emocional, afectivo y social. Esta lentitud puede conducir a encontrar especiales dificultades en la adaptación escolar. Las exigencias son cada vez mayores y las dificultades de los temas aumentan continuamente las presiones sobre el niño lento que, al no terminar las tareas de clase ni las pruebas de examen tan pronto como sus compañeros, se le clasifica como perezoso y en bastantes ocasiones como torpe.

El niño de desarrollo lento logra los mismos objetivos y adquiere los mismos conocimientos que un niño con nivel normal de actividad si le dejamos más tiempo para la realización de tareas y trabajos sin que por ello descienda el nivel de eficacia.

Pautas a seguir

1. Reforzar los patrones de una conducta activa. Si se desea mejorar o aumentar determinadas acciones en el niño, conviene que a una conducta deseada le siga una recompensa.
2. Infundir ánimo, confiar en él y estimularlo a superarse combinando bien las sugerencias que se le hacen. Apreciar las dificultades que entraña para un perezoso ser más activo y, al mismo tiempo, alabarlo calurosamente por cada pequeño logro, mostrando orgullo por sus nuevos éxitos.
3. La fórmula adecuada es acercarse cada día un poco más al objetivo deseado. Enseñarle a cumplir un plan previamente trazado, de fácil ejecución, pero que se ha de seguir a «rajatabla». Evitar prestar atención a las conductas perezosas, sólo a las activas y esforzadas.
4. Proporcionarle modelos activos que no se dejan vencer por la pereza, y que el niño perezoso compruebe las consecuencias negativas del comportamiento perezoso, claramente perjudiciales para él, y las ventajas de que goza el sujeto activo, dinámico y muy esforzado.
5. Enseñarle habilidades de conductas más diligentes y activas. Hacer demostraciones de cómo se ha de iniciar de inmediato la acción y cómo programarse para aumentar la rapidez y, sobre todo, la efectividad.
6. Siempre ha de resultarle provechoso el comportarse de manera más solícita, activa, diligente y participativa, y hay que procurar que no saque ningún beneficio de la conducta pasiva y perezosa.

Retrato robot

  • Apatía y desinterés emocional generalizado. El niño se muestra indiferente a todo. La risa y el llanto casi brillan por su ausencia.
  • No sabe describir qué es lo que le pasa ni a qué atribuir el estado de ansiedad que le aqueja con relativa frecuencia.
  • Permanece indiferente tanto a los premios como a los castigos y se siente incapaz de realizar el menor esfuerzo físico, y sobre todo, intelectual. La pereza escolar siempre está presente.
  • Se muestra inhibido. El desarrollo mental parece como si se paralizara y la maduración afectiva queda bloqueada. Evidentemente, a este estado de cosas siempre van ligados los trastornos de la memoria, de la atención y también de la concentración.
  • Aparecen los miedos y temores paralizantes.
  • Miedo a fracasar no sólo por la propia historia llena de fracasos y que se alimenta en el bajo concepto de sí y en el sentimiento de la propia incompetencia, sino miedo a seguir en este callejón sin salida porque no encuentra la manera de obtener ni tan siquiera unos pequeños éxitos que alivien su ansiedad y permitan reavivar la confianza en su propia capacidad.
  • En los niños más sensibles y sometidos a la autoridad la reacción es la timidez. En el polo opuesto se encuentran los violentos y reaccionarios que no soportan su incompetencia y se vuelven coléricos y desafiantes, tercos y en algunas ocasiones hasta celosos.

El niño popular y líder
por Bernabé Tierno

Una de las primeras características del niño popular y bien integrado en su grupo es el gozar de un alto nivel de autoestima.

Para ser aceptado por los demás y ser tenido como líder, es necesario dar una imagen de seguridad y de firmeza y tener ideas muy claras sobre lo que se ha de hacer y lo que no se ha de hacer y cuál es el camino a seguir.

Esta clara sensación de seguridad, que caracteriza al niño popular, se manifiesta también con toda evidencia en un estado de felicidad total y de complacencia en los propios actos.

Buen observador

Otra cualidad muy destacada en el niño popular, bien integrado, aceptado y casi aclamado por sus propios compañeros, es la de hacerse rápidamente una idea clara de las personas que acaba de conocer. Es decir, que intenta formarse una primera impresión básica del otro niño para saber a qué atenerse y cómo comportarse. Para ello escucha sus palabras, estudia sus gestos, su voz, sus actitudes, su timidez o su valentía.

Basándose en las conclusiones a que ha llegado tras la primera impresión, responde a las acciones y conductas de manera inteligente. Prueba conductas que agraden y refuercen las actitudes positivas del interlocutor y trata de averiguar el agrado o desagrado en las expresiones y sentimientos de los demás. Si no obtiene los efectos deseados, el niño popular interpreta de inmediato los deseos y gustos de su oponente y corrige sobre la marcha.

Este tipo de niño actúa casi siempre de manera muy inteligente, ya desde los primeros encuentros, pues con todas las pistas que ha encontrado sobre el sujeto que acaba de conocer, en breves instantes se ha formado una imagen exacta de su personalidad y se ha trazado un rápido plan de acción.

Estas habilidades sociales que permiten a un niño «caer bien» a los demás hasta convertirse más tarde en popular y líder, en parte son innatas y vienen dadas por la simpatía natural, el atractivo físico, las aptitudes intelectuales, etc. Pero en mayor medida son adquiridas desde el nacimiento.

Hacer amigos

El niño popular es sobre todo un niño que sabe hacer amigos, y ya decíamos al principio que la imagen que tiene de sí mismo juega un papel importantísimo. Pero sabemos que esa auto imagen está formada por lo que los demás ven realmente en él y por lo que él mismo piensa que ven.

Si los padres, amigos, hermanos y familiares le han aceptado desde su infancia y le han sabido valorar y reconocer sus cualidades en lugar de recalcarle a cada momento lo defectuoso y limitado que es. Sin duda su nivel de autoestima será bueno y no tendrá graves dificultades en hacer amigos y el pensar que si en su entorno más próximo se le acepta, no hay razones por las que no se le deba aceptar socialmente.

Por el contrario, si en el círculo familiar y escolar se socava la seguridad en sí mismo con constantes críticas y rechazos y se le hace sentir poca cosa, inepto e inferior, la imagen pobre de sí mismo que ha ido formando, le hará comportarse ante los demás de manera insegura, angustiada y a la defensiva. No se encontrará a gusto consigo mismo, tendrá graves dificultades para relacionarse con otras personas y se sentirá totalmente incapaz de hacer amistades.

El niño líder y popular que sabe ganarse amigos es afectuoso y comprensivo, pero jamás se deja pisar y sabe ser fuerte y firme haciéndose respetar. Es esa fe en sí mismo y el saber respetar y exigir respeto lo que le hace verdaderamente popular y digno de confianza para la gran mayoría de sus compañeros y familiares.

Pautas a seguir

Para que el niño llegue a ser popular y líder:

1. Jamás hagas críticas destructivas y negativas sobre el comportamiento del niño. Esté muy atento a alabar y reconocer cuanto tenga digno de alabanza.
2. Enséñele a ver las cosas desde el punto de vista de los demás. Que aprenda a ver las razones que pueden haber inducido a sus amigos a comportarse de esta o aquella manera.
3. Hágale ver que somos humanos, con defectos; que todos nos equivocamos y que es bueno ser tolerantes en ocasiones y darles a los demás la oportunidad de intentarlo de nuevo.
4. Hágale demostraciones y enséñele con ejemplos las diferentes maneras de comportarse socialmente. Por ejemplo, cómo comportarse cuando llegan invitados.
5. Enseñe a su hijo los criterios por los que las personas se sienten atraídas. La proximidad proporciona una excelente oportunidad de hacer buenos amigos.

Retrato robot

  • Se muestra interesado por los demás, es sensible y fuerte al mismo tiempo y sobre todo generoso y magnánimo con los demás.
  • Es abierto, claro y directo en sus expresiones. Siempre dice lo que piensa. Es más bien activo y sobre todo participativo y necesita el contacto social.
  • Ayuda a los demás y les presta atención, aprobación y afecto. Es un poco paternal defensor del débil e intransigente y duro con los hipócritas y los que se aprovechan de su superioridad.
  • Es muy sensible a las propuestas sociales, al sacrificio por causas justas, al dolor y a la opresión.
  • Siempre es un fiel compañero que jamás falta a su palabra. Poder contar con su amistad es un valor seguro.
  • Siempre tiene a mano “alternativas” para sus acciones. El auténtico líder raramente recurre a los puños. Es psíquicamente muy fuerte y se apoya sobre todo en razones. Un auténtico líder no es fanfarrón No necesita serlo. La fanfarronería es la muestra más clara de inseguridad y debilidad.
  • Es bastante sereno y sabe ver las cosas desde el punto de vista de los demás. Sopesa cuidadosamente las razones de las conductas ajenas.
  • Siempre encuentra una solución a las situaciones problemáticas Mientras los demás se quedan bloqueados y sin saber qué hacer ante un problema del tipo que sea, el niño líder no tarda en encontrar con gran habilidad y sensibilidad una alternativa válida.
  • Sabe mantener la calma y contagiar la tranquilidad a los demás. Hay una fuerza que dimana de su interior que transmite seguridad y gran confianza a los demás sin llegar a proponérselo.

La encopresis
por Bernabé Tierno

La encopresis es trastorno que se manifiesta por la persistente eliminación voluntaria e involuntaria de heces de consistencia normal o casi normal, en ambientes no adecuados, según el entorno sociocultural del individuo. Es, por tanto, un acto de defecación involuntaria que no se puede atribuir directamente a una enfermedad orgánica. Más claramente, encopresis es “la perturbación en la regulación de la evacuación intestinal”.

Para realizar el diagnóstico, hemos de eliminar antes la existencia de alguna causa orgánica como: diarrea, megacolon, colon irritable, etc.Cuando se conoce la causa somática que produce el trastorno, se le denomina incontinencia fecal o encopresis orgánica.

Diferentes clases

La edad en que el niño suele haber controlado los esfínteres en nuestro medio sociocultural es hacia los tres o cuatro años, como sucede con la enuresis. Por eso, es a partir de esta edad cuando, si el niño no controla todavía los esfínteres, podemos hablar de encopresis funcional.

Se distingue entre encopresis diurna (durante el día), que es la más frecuente, nocturna y mixta. También hay que distinguir entre encopresis primaria o continua cuando el niño no logró jamás el control de esfínteres. Se atribuye a una inmadurez funcional que impide la adquisición de los hábitos de limpieza normales.

La encopresis discontinua, que es la que padecen aquellos niños que habían logrado el control de los esfínteres y luego lo perdieron.

La encopresis asociada, cuando va unida a otros síntomas psicopatológicos como: enuresis, coprofilia (jugar con las heces y untar otros objetos o untarse a sí mismo con ellas), oposicionismo, trastornos emocionales y conductas antisociales.

En cuanto a la incidencia de la encopresis: es menos frecuente que la enuresis (entre un 1 y un 3% de la población total). Se da más en niños que en niñas y hay mayor incidencia en las clases socioeconómicas más bajas así como en los deficientes profundos. En estos últimos es de tipo orgánico y va asociada a otras alteraciones.

Causas principales

La encopresis parece estar relacionada con situaciones de estrés, ansiedad, falta de ajuste escolar, familiar o social. Los rasgos psicológicos más comunes y característicos del sujeto encoprético son: pasividad, baja tolerancia a la frustración, inmadurez afectiva, agresividad inhibida, etc.

Como ocurre con la enuresis, debemos distinguir entre el control del acto mismo de la defecación una vez que se ha iniciado (en cualquier punto de la secuencia desde la ingestión del alimento) y la falta de respuesta ante determinadas señales situacionales.

1. Control del acto de defecación: Cuando se está entretenido haciendo cualquier cosa y se siente necesidad de defecar, si no se presta atención a esas sensaciones naturales y se acude al baño, con el tiempo, esas sensaciones se pierden por no hacerles caso. Llega un momento en que el recto pierde el control muscular y se produce una defecación desbordada y abundante. Si se repite con cierta frecuencia se llama encopresis. Es el mismo intestino quien se acomoda a la retención de las heces a través del ensanchamiento que comienza sobre el esfínter anal y conduce al estado conocido como megacolon.
2. Causas externas de la encopresis Si la madre no acostumbra desde un principio al niño a defecar, animándolo a hacerlo en el baño y cuando note las sensaciones naturales de hacerlo en ese momento, se produce la encopresis continua. Si la madre es agobiante y siempre muestra su preocupación al niño por el tema de la defecación y él lo llega a percibir se produce encopresis discontinua. Para el niño normal, la eliminación intestinal es fundamentalmente agradable, pero la madre forma al niño en un grado de aversión suficiente y la defecación la realiza sólo en el lugar apropiado.

Las madres de los encopréticos o bien son demasiado flexibles en sus métodos de entrenamiento, de manera que la defecación sigue siendo una actividad agradable sin un mínimo de aversión necesaria, o son demasiado coercitivas, de manera que el acto de defecar se asocia siempre a un gran disgusto.

Hay, por tanto, dos tipos de encopresis resultantes de entrenamientos demasiado laxos y permisivos o también de entrenamientos demasiado severos.

Parece bastante claro que el logro de la continencia fecal es una habilidad compleja en la que intervienen la relación madre-hijo, la capacidad de responder ante las señales naturales, tanto por parte de la madre como del niño, consistencia del entrenamiento, etc.

Terapia a seguir

Una técnica muy utilizada es la del condicionamiento operante. Consiste fundamentalmente en una serie gradual de sesiones de entrenamiento recompensando la eliminación de las heces en el lugar y momento más apropiados.

Al principio se les coloca en el sanitario alrededor de cuatro veces al día con diversas recompensas por la ejecución adecuada.

Después se hace un cambio en el sentido de autocontrol y se le pide al sujeto que sea él mismo el que vaya al sanitario y se le recompensa por ello. Debe hacerse un registro cuidadoso y cuantitativo de la incontinencia y de la defecación adecuada.

También se utiliza el castigo (consecuencias negativas asociadas a la defecación en lugares o momentos inaceptables), por ejemplo, lavando él mismo la propia ropa que acaba de ensuciar o aislándole durante unos minutos. El castigo se utiliza combinándolo con refuerzos positivos de conductas deseadas.

Son aconsejables también los entrenamientos en la limpieza con práctica positiva y empleando modelos de conducta adecuada, que sean atractivos para el niño y que él considere fáciles de imitar.

Los padres y educadores deben tener en cuenta los problemas de baja autoestima, sentimientos de ridículo y vergüenza y retraimiento social que caracterizan al niño encoprético. En el proceso de aprendizaje del control intestinal es de capital importancia la función que desempeña la madre y el tipo de relaciones y exigencias establecidas de antemano con el medio ambiente.

La base del tratamiento, además de lo dicho, es controlar que el niño no obtenga beneficios secundarios por su conducta, como mayor atención de sus padres, mimos, regalos y atenciones.


La hora de la comida
por Bernabé Tierno

Al principio la madre no es para el niño otra cosa que quien le proporciona alimento. Madre es igual a comida y placer. Es hacia los seis o siete meses cuando el bebé distingue a su madre de otra mujer.

El destete afectivo que suele tener lugar al tiempo que el alimenticio se ha de producir de manera gradual y lenta pero progresiva, ya que el niño tiene que sentir que él es algo distinto de su madre y no forma cuerpo con ella.

La ausencia de la madre puede producir los mismos efectos que un abandono. La pérdida de la madre-alimento puede vivirla el niño de forma angustiosa si no se hace de manera gradual.

Conviene que el biberón sustituya al pezón, que lo sostenga el niño con sus manos cuando sea mayorcito y que vaya notándose a sí mismo, paulatinamente como ser distinto a la madre. La mejor manera de superar el destete afectivo y alimenticio sin traumas es proporcionar al niño nuevos estímulos y novedades que capten su atención. A medida que se van despertando sus sentidos y facultades hay que interesar al niño por todo lo que le rodea y que la madre deje de ser el centro de atención y la persona que acuda de inmediato a sus llamadas y llantos toda pesarosa y mimosa.

No al mimo excesivo

Una buena madre ha de saber renunciar al mimo excesivo, permitir al niño que llore de vez en cuando y que compruebe por sí mismo que puede seguir subsistiendo sin que su mamá acuda al momento, etc... Lo que importa es que el niño no vea que siempre puede manejar y preocupar a su madre con llantos y rabietas exageradas.

Un buen momento para iniciar una cierta separación física del niño con su madre es cuando se le empieza a dar alimento con cuchara. Es muy recomendable que sea otra persona quien realice este cometido alternando con la madre o de manera exclusiva. Así aprenderá rápidamente a distinguir entre madre y alimento.

Llamar la atención

Sí la madre no conoce perfectamente los mecanismos psicológicos que subyacen en la relación de dependencia madre-alimento-hijo, fácilmente se dejará llevar por su amor y preocupación maternal en la primera ocasión en que vea que el niño se niega a comer, porque ha descubierto que la manera más segura de captar la atención de su madre y de preocuparla es negarse a comer, o comer con lentitud, para tenerla más tiempo pendiente y ocupada contemplándole.

Este tipo de niños descubrieron desde muy pequeños que no había otra forma mejor de satisfacer sus caprichos y tener preocupados a sus padres que convertir el momento de la comida en su momento estelar: “A la hora de comer yo soy la estrella, todos están pendientes de mí y eso es estupendo”.

Cuando un niño descubre que una determinada conducta atrae la atención de sus padres y que esa conducta les preocupa y condiciona, la utilizará en lo sucesivo como chantaje. En el caso de la comida es la forma más habitual en que los niños de cualquier edad se convierten en negativistas.

«Tienes que comértelo todo», dice la madre de entrada. Entonces el pequeño, prueba a no comérselo todo o tardar dos horas en comer para experimentar y ver qué es lo que hace su madre. Si comprueba que la madre insiste una y otra vez, se enfada, se inquieta y hace un problema de que el niño coma menos y además le cuenta a familiares y amigos «el problema que tiene el niño».

Soluciones al problema

1. Interesa, sobre todo, saber prevenir, es decir, que la madre desde los primeros meses y el primero y el segundo año de la vida no se manifieste jamás angustiada porque su hijo come más o menos, ya que el niño captará esta preocupación y tratará de explotarla para seguir teniendo a su madre más pendiente de sí. Lo más fácil, por tanto es prevenir, educar al niño adecuadamente respecto al acto de alimentarse. Es una necesidad fisiológica, y, si deja al niño que siga sus deseos naturales, satisfará sus necesidades alimentarias cuatro veces al día sin ofrecer más problemas.
2. Cuando ya esté avanzado el problema porque los padres enseñaron al niño a convertirse en el centro de atención a la hora de comer, sólo hay una forma correcta de que el niño vuelva a comer sin causar problemas, y es apartarlo de los padres durante una temporada y que nadie se ocupe de prestar la más mínima atención sobre si come o no come. Que pase unos días con algunos familiares que no se anden con mimos o que se quede a comer en el colegio y, en todo caso, que los padres se convenzan de verdad de que el problema lo han causado ellos con su conducta y tomen la firme resolución de no prestar la más mínima atención a si come o no. Que el hambre se imponga a los deseos de llamar la atención.
3. Además de lo anterior, ofrecer al niño otras alternativas de ser importante y de atraer la atención de sus padres, ya sea alabando y prestando atención a otras cualidades y conductas positivas o fomentando de manera directa un comportamiento más esforzado y deseable que ha de ir logrando el niño de manera gradual. Los padres deberán recompensar en todo momento todas las aproximaciones que haga el niño a esa conducta nueva y positiva que desean fomentar.
4. No limitarse, por tanto, a ignorar la conducta negativa de hacer un problema la hora de comer, sino por el contrario procurar dirigir la atención y los refuerzos hacia conductas positivas que sirvan de alternativa al niño para saciar sus deseos y necesidad de sentirse importante y atendido por sus padres... siempre que la conducta sea, por supuesto, digna de atención.


La integración del niño minusválido
por Bernabé Tierno

En la actualidad se prefiere el término minusválido a otras denominaciones como deficientes, disminuidos, retrasados, incapacitados, anormales. Es mejor emplear el término genérico de minusvalía en lugar de los otros que se han venido empleando hasta no hace tanto, porque así se evitan las etiquetas segregacionistas y las connotaciones peyorativas.

En realidad, la minusvalía es la situación de desventaja que padece un individuo a consecuencia de una deficiencia o una discapacidad que lo limita y le impide el desempeño del rol que sería normal en su caso, en función de su edad, sexo y factores sociales y culturales.

Diferentes tipos

Para una mayor claridad, podemos agrupar las minusvalías en cuatro grupos, según su causa y localización.

1. Sensoriales: ciegos, sordos e hipo acústicos.
2. Del aparato psicomotor.
3. Mentales: deficiencias mentales.
4. Causadas por una enfermedad interna crónica, como tuberculosis, asma, diabetes, cardiopatías.

En cuanto al grado de intensidad, pueden ser:

1. Minusvalía ligera: permite una independencia de la ayuda exterior y un desarrollo máximo de todas sus posibilidades.
2. De gravedad media: tiene grandes posibilidades de rehabilitación y permite, mediante ayuda especializada, la integración profesional y social.
3. De gravedad importante: no permite adquirir el suficiente grado de independencia y autonomía y precisa la ayuda constante de una persona que atienda a las más elementales necesidades.

Necesidades básicas

La percepción que tiene de sí el minusválido tiende a ser diferente, ya que se percata de que los demás (que no padecen minusvalía) le ven como diferente. Esto influye, sin duda, en sus posibilidades de integración social.

Las necesidades básicas del minusválido son las mismas que las de todos los demás.

  • Fisiológicas: propias de la supervivencia.
  • De seguridad (protección, estabilidad...).
  • De pertenecer a un grupo y de amar y ser amado.
  • De autoestima y de ser valorado por otros.
  • De actualizarse y desarrollarse de acuerdo con las propias posibilidades.

Hay casos en que el niño minusválido tiene un desarrollo físico lento, pero las necesidades psicológicas y de integración social no participan de esa lentitud, por tanto, será un tremendo error considerarlo psicológicamente como un niño pequeño.

Sentimientos adversos

Un gran peligro en todo minusválido, si no logra llenar o compensar las necesidades básicas a que hemos aludido, está en que fácilmente puede generar sentimientos de frustración y presentar alguna de las siguientes conductas adversas.

  • Negación de su propia incapacidad o minusvalía.
  • Darse por vencido de antemano, sin luchar (resignación o abandono).
  • Sentirse víctima de injusticias, con reacciones de hostilidad hacia los demás y hacia sí mismo. Las consecuencias pueden ser tremendas.
  • Rechazar todo tipo de ayuda o pedirla de manera arrogante, agresiva.
  • Pensar que su minusvalía es un castigo divino para él o para su familia.
  • Atraer sobre sí mayores atenciones y cuidados al comportarse como un minusválido total.

Evidentemente, poco o nada se puede hacer en favor de la integración de un minusválido dominado por una o varias de las conductas reactivas adversas que acabamos de enumerar. Por tanto, lo que hay que hacer es contrarrestar en lo posible estas reacciones adversas.

Hay que empezar porque el niño minusválido conozca en la mayor profundidad posible la naturaleza y extensión de su minusvalía. No importa tanto el tipo de discapacidad y el grado de intensidad cuanto la actitud psicológica del sujeto y la auto imagen o percepción que tiene de sí mismo.

Por eso, cuando se trata de niños minusválidos que no pueden todavía conocer la naturaleza de su minusvalía, ni sus límites, son los padres y educadores quienes deben asumir con decisión y confianza la tarea de esforzarse por lograr esa mayor autonomía. La confianza y el tesón con que lo hagan se transmitirán a los niños y generarán en sus voluntades el vigor necesario para el esfuerzo y para aceptarse y superar las dificultades que puedan surgir en su futura vida de adultos.

Métodos de ocupación

Existe un trabajo fundamentalmente terapéutico con dos variantes:

  • La primera, conseguir con la educación física y la gimnasia el dominio del cuerpo y también de los gestos.
  • La segunda, el trabajo-ocupación poco sistematizado, repetitivo y de bajo nivel, sin necesidad de gran esfuerzo.
  • Actividad organizada para aprender a expresarse y dominar una materia.
  • Observación y orientación. Se propone un abanico de aprendizajes limitados y se les orienta para que elijan por sí mismos.
  • Trabajo esencialmente productivo en dos variantes: La preparación directa y concreta para la práctica de una profesión. Se trata de conducirle al ejercicio de una actividad normal. Trabajo protegido, cuando la capacidad de trabajo y de relaciones sociales es inferior a lo normal.

Pautas a seguir

1. Valore siempre sus capacidades y sus pequeños logros.
2. Contacto físico cariñoso pero no proteccionista. El niño percibirá su minusvalía como la perciban sus padres y los demás. Si lo desespera, él se desesperará, si le considera como sujeto valioso, así se percibirá él.
3. Enséñele a tener conciencia de sí, a sentir y a querer su cuerpo.

Anímele a conseguir toda la independencia y autonomía de que sea capaz.
4. Poco a poco entrénele para que soporte cierto grado de frustración.
5. Hágale ver que hay varios tipos de discapacidades, que él no es único y que todos tenemos más o menos limitaciones.
6. Déle ocasión de hablar de sus problemas, que diga lo que siente y no se los guarde para sí.
7. Proporciónele distintos modelos a imitar para que se identifique con el que más le guste. Si, por ejemplo, se identifica con un jugador de baloncesto, anímele a parecerse en esas otras cualidades que completan a las físicas, como pueden ser su simpatía, honestidad, camaradería, etc., o cualquier otra virtud a su alcance.


Niños con dislexia
por Bernabé Tierno

Todos los especialistas en el tema, de forma unánime, definen la dislexia como «la dificultad en el aprendizaje de la lectura y de la escritura, a pesar de contar con un desarrollo normal».

Desde una óptica escolar, se podrá definir como «la dificultad que presentan determinados alumnos, normalmente escolarizados, sin perturbaciones sensoriales aparentes y con una inteligencia media o superior, a la hora de aprender a leer y a escribir o en el intento de dominar ambas técnicas. Esta dificultad produce un retraso escolar en el alumno que se manifiesta, sobre todo, en el área lingüística».

Las dislexias son trastornos que se revelan en los procesos de identificación, reproducción y comprensión de los escritos. Estas dislexias se detectan a través de la lectura oral y del dictado pues observaremos que el niño se muestra incapaz de reconocer palabras, sílabas o letras (dislogías) y no logra reproducirlas por escrito o verbalmente (disgrafías y dislalias).

En el dictado se detectan fácilmente porque los errores ortográficos están bien definidos. También se puede detectar con facilidad al observar omisiones de letras o incluso palabras completas.

Diferentes clases

Las dislexias se clasifican en varios tipos: de dicción (seseo, ceceo,...) de ritmo (tartamudeo), de articulación (centrales, periféricas y funcionales), de fonación y de interpretación. Son los especialistas en los problemas del lenguaje quienes deben hacer el diagnóstico adecuado.

Nosotros nos ocuparemos de las dislexias de articulación llamadas funcionales, que son de cuatro clases:

  • Por sustitución, es decir, el cambiar una letra por otra como decir, «ahoda» por «ahora» (d por r).
  • Transposición: La letra salta de lugar como «Grabiel por Gabriel», «cocholate por chocolate»...
  • Omisión: Se elimina una letra (ejemplo: mare por madre).
  • Inserción: Se añade una letra intrusa (corredo por correo, bacalado en lugar de bacalao).
  • Distorsión: Se produce una confusión y falta de claridad que dificulta la comprensión y entendimiento del habla.

Síntomas evidentes

Para que padres y profesores puedan detectar una dislexia y poner remedio a este trastorno acudiendo lo antes posible al especialista, describimos a continuación los síntomas más comunes.

  • La lectura se caracteriza por la falta de ritmo, por la lentitud, por la respiración sincrónica, por la no comprensión de lo leído, el unir las palabras al azar y no marcar la puntuación, y el equivocarse pasando de una línea a otra y a veces seguir leyendo como si tal cosa. También por la confusión de letras de configuración análoga, entre las vocales: la a con la o. Entre las consonantes la p y la b, la d y la p, la p y la q, y la g y la p. También hay confusión entre vocales y consonantes como la u y la n. El niño no distingue bien unas formas de otras ni la diferencia según su disposición en el espacio.
  • Se dan asimismo omisiones de letras finales de palabras.
  • En las sílabas tienen lugar las inversiones dentro de una misma palabra, como «gato por toga», y también en las letras que forman la sílaba, como «toro por otro».
  • Las mismas alteraciones se encuentran en las palabras completas, sustituyendo una palabra por otra parecida.

Causas principales

Como vemos, el niño disléxico muestra una lectura alterada, plagada de confusiones, omisiones e inversiones.

Las teorías sobre la dislexia son muy diversas, y por tanto se formulan otras tantas hipótesis sobre las causas. Enumero a continuación las más importantes:

1. Neurológicas, es decir, por disfunción cerebral mínima. Hay daño o alteración en alguna zona del tejido nervioso cerebral.
2. Emotivas, por inadaptación familiar, escolar o social del alumno.
3. Asociativas, por la incapacidad para asociar el estímulo visual (grafía) con su correspondiente (fonema) y también con su equivalente semántico.
4. Socioculturales, por trastornos de la personalidad.
5. Metodológicas, por métodos inadecuados para enseñar a leer y escribir.
6. Auditivas, por mala discriminación de los fonemas.
7. Cognoscitivas, porque el disléxico tiene dificultades en comprender y discriminar los conocimientos imprescindibles en el aprendizaje lector: fonemas, grafías, palabras...

Diagnóstico y tratamiento

Todo niño disléxico ha de ser tratado por especialista, como ya se ha dicho. El será quien llegue hasta las causas y valore los síntomas y propio tiempo realice un doble diagnóstico: preventivo y curativo.

El diagnóstico preventivo tiene una edad óptima entre los cuatro y los cinco años, tratando de averiguar el grado de madurez del niño en las habilidades relacionadas con la lectura y la escritura aprendizaje formal.

El diagnóstico curativo se realiza una vez que el niño ya ha comenzado el aprendizaje formal de lectura y de la escritura. Tendría lugar hacia los seis años.

Antes de iniciar la reeducación del fundamental que el diagnóstico curativo contemple estos tres aspectos:

1. Exploración y análisis del trabajo escolar alumno en la lectura, la escritura, la expresión y también la comprensión.
2. Análisis del grado de inteligencia y aptitud específicas, observando la capacidad para integrar series, para orientarse en el espacio y en el tiempo, percepción y discriminación visual y auditiva, etc.
3. Tipo de personalidad del alumno: inseguro, tímido, nervioso, mal integrado en el grupo, etc.

Estos tres aspectos se han de tratar y relacionar a un mismo tiempo para llevar a cabo la reeducación del disléxico. El programa reeducador ha de comprender: unos objetivos generales que abarcarían todo el curso. La capacidad para percibir y discriminar diversos tipos de grafías podría ser un objetivo general.

Los objetivos concretos serán semanales o quincenales. Uno de ellos podrá ser, pongamos por caso, realizar ejercicios para distinguir la g de la p.

Las actividades específicas serían las que de manera directa ayudarían a lograr ese objetivo de entre toda una serie de grafías parecidas, como la b, p, q, g, d... y rodear con un círculo todas las g y enmarcar en un cuadro todas las p.


El alcoholismo infantil y juvenil
por Bernabé Tierno

Aunque se sigue utilizando el término alcoholismo, los especialistas hablan de «enfermedad alcohólica» cuando se dan las siguientes condiciones: existencia de adicción al etanol y pérdida de control sobre el uso de bebidas alcohólicas, ya sea respecto a la posibilidad de dejar de beber como de hacerlo sólo de manera moderada.

En la base de las dos condiciones referidas existe una dependencia fisiológica.

El alcoholismo no limita su problemática a lo estrictamente individual y psicológico, sino a la manera en que afecta al ámbito social en que se inserta el sujeto que padece la enfermedad alcohólica. Por tanto, siendo graves las consecuencias que esta enfermedad comporta para el propio sujeto, no lo son menos los problemas que acarrea a la sociedad, que acompaña al alcoholismo y forman parte sustancial del propio trastorno.

Factores desencadenantes

  1. No se ha podido probar un posible factor de herencia biológica, aunque sí puede decirse que se aprende a ser alcohólico, imitando competiciones estúpidas entre adolescentes o entre adultos que desempeñan el papel de duros. Se trata de averiguar «quién aguantará más tiempo» bebiendo, para probar a los demás y a sí mismo que se es «un hombre».
  2. Es mucho más frecuente en hombres que en mujeres, aunque en la actualidad la cifra aumenta progresivamente, cada vez son más las mujeres alcohólicas.
    Se apuntan varias causas sobre este incremento del alcoholismo en la mujer. Unas se refieren al hecho de alternar y copear de manera más frecuente al haber accedido la mujer a puestos de responsabilidad junto al varón. Otras ponen el acento en la situación de soledad en que se encuentran muchas mujeres en el hogar al llegar a una edad en que los niños ya no las necesitan tanto y el marido está ocupado en su trabajo demasiadas horas.
  3. No se conoce un perfil claro de factores psicológicos que dé una personalidad emparentada con el alcoholismo; sin embargo, sí se puede afirmar que el bebedor tiene tendencias depresivas y eufóricas alternativas y muy bruscas, es casi siempre muy inmaduro y dependiente, con una baja autoestima y acusados rasgos de infantilismo. Por no llevar la contraria a los compañeros y no ser considerado «poco hombre», muchos adolescentes se hacen los machos y empiezan a beber hasta caer en el alcoholismo.
  4. Los factores sociales ya han quedado apuntados en perfecta interacción con los psicológicos. El tímido, el apocado, el indeciso, no es capaz de abrirse camino en la sociedad, de presentarse ante los demás si no es estimulado por grandes dosis de alcohol ingeridas en un breve espacio de tiempo.

En gran peligro

Por lo demás, como no hay festejo o reunión familiar o de otro tipo que no se celebre si no es con alcohol, este se ha convertido en una necesidad como facilitador de las relaciones humanas. A mi juicio, ahí se encuentra uno de los mayores peligros.

El abuso ocasional o esporádico del alcohol produce la embriaguez común o borrachera por un estado de intoxicación aguda. Según el grado de intoxicación, se observan distintos síntomas que se presentan gradualmente:

Primera fase: sensación de euforia, locuacidad, extroversión, búsqueda de contacto afectivo, disminución del autocontrol. Aparecen las faltas de respeto y las indiscreciones.

Segunda fase: aliento alcohólico, enrojecimiento del rostro y de la conjuntiva del ojo, pupilas dilatadas, náuseas, vómitos, descoordinación motora (tambalearse), temblores, pronunciación torpe, disminución de la agudeza sensorial y reflejos, irritabilidad y desmadres en cualquier aspecto.

Síndrome de dependencia del alcohol es el consumo abusivo asociado a la dependencia en su vertiente física y psíquica. Conlleva la noción de pérdida del control sobre el alcohol y la compulsión o deseo irrefrenable a beber. A medida que se acentúa el síndrome de la dependencia del alcohol se observa lo siguiente:

Adquisición de conductas ritualísticas en la forma de beber. El beber deja de ser acto libre. Ahora se bebe por cualquier motivo o sin motivo.

Aumento de la tolerancia a un consumo cada vez mayor de alcohol.

Aparición de síntomas de abstinencia, náuseas matinales, alteraciones del sueño, inestabilidad motora, alucinaciones y deliriums.

Ingestión de alcohol por la mañana (como desayuno) para evitar y prevenir las desagradables molestias del alcoholismo, que es ya crónico.

Secuelas físicas

Son todas aquellas alteraciones que el alcohol va produciendo en órganos y tejidos de manera progresiva.

  1. Ulcera gastroduodenal. Desde que se empieza a abusar del alcohol y a partir de la gastritis inicial se llega hasta la úlcera.
  2. Disminución progresiva de las células sanguíneas, afectación de la médula ósea, anemia, etc.
  3. Posibles lesiones (no tan seguras) como endocarditis, diabetes, pancreatitis, etc.
  4. Cirrosis hepática que termina siendo la primera causa de muerte en casi todos los alcohólicos crónicos.

Tratamientos

Evidentemente, el tratamiento se ha de adecuar a cada caso en particular. La primera medida ha de ser prevenir. Cuanto aquí decimos lo hacemos con clara intención de que los padres y adolescentes conozcan las causas y los efectos del alcoholismo y eviten por todos los medios caer en él.

Si el alcoholismo es grave se impone rápidamente la hospitalización.

Los clubes de alcohólicos anónimos son muy recomendables y siempre se ha de potenciar la curación con el tratamiento psicoterapéutico (psicólogos psiquiatras).

Las técnicas de modificación de conducta, que consisten básicamente en la creación condicionada de estímulos aversivos al alcohol están resultando muy eficaces.

Los programas preventivos del alcoholismo tienen dos objetivos:

  1. Controlar la oferta de las bebidas alcohólicas, luchando contra intereses económicos y de otro tipo que dificultan el control.
  2. Propiciar la acción de la educación sanitaria, extensible también a la escuela, la familia, la empresa, etc.



Academia Americana de Psiquiatría
del Niño y del Adolescente
Subir

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified