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Maltrato infantil

El maltrato infantil genera padres que maltratan a su vez a sus hijos.

El grado de maltrato puede variar desde los golpes o agresiones físicas leves hasta lesiones graves.

Y pensamos en el maltrato sólo como golpes, o insultos. Pero hay un maltrato que es muy común entre los padres y por común, nos pasa de largo: Aquel en el que dejamos de decirles a nuestros hijos que son importantes.
Te voy a platicar una situación penosa:

Un matrimonio tuvo 3 hijos varones y una niña. Era una niña muy esperada después de tantos niños a los que se les quería, pero faltaba la niña.
Y cuando llegó era la niña más consentida. Tenía 4 tías que se desvivían por llevarles a los cuatro todo lo que podían.
Normalmente a los bebés se les llama cariñosamente, con frases dulces, pero a medida que van creciendo, se va dejando de hablarles así. Pues bien, ésta niña pasó sus primeros años siendo la reina de su casa, todo mundo, por lo menos los que iban a su casa no dejaban de alabarla y de decir lo hermosa que era.

El problema fué cuando a causa de un cambio de domicilio, ya no estuvieron las 4 tías que llevaban a la casa desde dinero, ropa, juguetes hasta limpiar la casa.
Tanto la mamá como la hija estaban acostumbradas a que se les resolvieran los problemas.

Empezaron a cambiar las cosas entonces. Empezó a escuchar en lugar de "qué hermosa", "eres una floja, limpia bien". Cuando iba en la secundaria la sacaron para ayudar a su mamá en la casa, porque tenía que trabajar. Y pasó a ser quien hacía el quehacer y comida en casa, mientras su mamá trabajaba intermitentemente porque sus trabajos duraban tres o cuatro meses y después dejaba de trabajar.

Vemos aquí cómo el maltrato infantil también puede darse en "traficar" con nuestros hijos, "vender" a nuestros hijos emocionalmente para obtener algún beneficio.
En éste caso con las cuatro tías que les ayudaban por amor, pero su mamá no lo entendía así.
Ella creía que se le ayudaba porque estaban chicos, o porque eran simpáticos y los alentaba a desarrollar alguna actitud que agradara a las tías. Cosa que puede parecer que no es mala, al contrario. Pero sí lo es, porque se convierte en casi una obligación ser simpático o ser inteligente.
A mamá o a papá les pone felices si tú eres tal o cual cosa.
No era el respeto a sus gustos, a sus tiempos; era el tener que hacerlo cuando su mamá les decía.

Y la razón de éste maltrato psicológico era el maltrato que sufrió su mamá de pequeña.
Para ella era muy importante que sus hijos fueran simpáticos y agradables a los demás para que fueran aceptados, para que no fueran maltratados.
Le gustaba que todos los admiraran, admiraran sus habilidades, sus gracias porque era una forma de ser aceptados y ser aceptada ella misma, que se había sentido tantas veces rechazada.

Era como valer tanto como sus hijos valieran. El que sus hijos fueran aceptados o admirados era para ella como un grito al mundo de que ella valía, de que aquella a la que maltrataron, era capaz de formar personas como sus hijos.

Y su maltrato no fué físico. Su madre murió a los pocos días de nacida y su papá se hizo cargo de ellos como Dios le dió a entender.
Como trabajaba, no hubo disciplina para sus hijos que eran dos. Ellos hacían lo que querían cuando querían y como querían.

Era un maltrato de exceso. Con la falta de su mamá, su papá trató de compensarlos, dándoles de más, cumpliéndoles sus gustos y caprichos.
Y después ése maltrato se convirtió en maltrato físico al casarse con una mujer que tenía una hija.
Esta mujer vivía de una manera diferente, le gustaba la limpieza y trató de educarlos a su manera, cosa muy difícil ya que estaban acostumbrados a hacer lo que querían. Tratando de educarlos, muchas veces recurrió a castigos.

Fué un cambio muy drástico para ellos. Pasar de una dejadez total a una disciplina impuesta por una persona, fué fatal. El chico terminó por irse de la casa por no estar acostumbrado a la disciplina.
Ella se quedó por tener miedo a irse con su hermano. Ambos eran aún niños.

Podemos ver entonces cómo es tan dañino el que los niños crescan sin disciplina alguna, sin nadie que los oriente, sin nadie que los guie.
Ese es el principal maltrato que podemos imponer a nuestros hijos: la falta de disciplina, el no ense♫arles a manejar los instintos naturales del ser humano.

Ese maltrato genera todos los otros maltratos.

Hay un dicho que dice: "Quien te ama, te hará sufrir", porque como padres los educamos con cariño pero también con disciplina. No quiere decir golpes ni agresiones, pero sí establecer límites, horarios, etc.

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